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Aitor Pinedo-Jauregi

Rendimiento físico y emergencias: cuando salvar vidas exige entrenar como deportistas de élite

Profesor ayudante doctor del Departamento de Educación Física y Deportiva

  • Cathedra

Fecha de primera publicación: 19/02/2026

Aitor Pinedo-Jauregi | Foto: Nuria González. EHU.

En algún momento de su vida, la mayoría de las personas ha tenido –o tendrá– que recurrir a SOS DEIAK. Rara vez se trata de una llamada voluntaria o deseada: normalmente es la consecuencia directa de una situación inesperada que exige una respuesta inmediata.

Una emergencia es, precisamente, eso: un acontecimiento imprevisto que puede comprometer, en mayor o menor medida, la integridad física de las personas. Ante ese tipo de situaciones, el sistema de atención a emergencias se pone en marcha y activa los recursos necesarios para intervenir.

Según la naturaleza del incidente, acudirán distintos profesionales especializados: desde el cuerpo de bomberos y bomberas hasta unidades concretas, como la Unidad de Vigilancia y Rescate de la Ertzaintza. Son colectivos entrenados para actuar en contextos de alta exigencia, donde el margen de error es mínimo y las consecuencias, potencialmente graves.

Pero ¿nos hemos detenido alguna vez a pensar que esos profesionales comparten más similitudes con las y los deportistas de alto rendimiento de lo que podría parecer a simple vista?

Cada intervención supone, para los colectivos de emergencia, enfrentarse a su propio partido. Un partido sin público, sin marcador visible y, en muchas ocasiones, sin posibilidad de repetición. Para “ganarlo”, deben poner en juego múltiples capacidades, entre ellas la motricidad. De hecho, su rendimiento físico resulta determinante para el éxito de la intervención, del mismo modo que lo es para los y las atletas de alto rendimiento en la competición.

Sin embargo, a pesar de esas similitudes desde el punto de vista motriz, el trato que reciben ambos colectivos dista mucho de ser comparable. Mientras que el o la deportista de alto rendimiento suele contar con el respaldo de un equipo multidisciplinar –formado por personal médico, educadores y educadoras físico-deportivos y fisioterapeutas, entre otros–, los colectivos de emergencia solo en contadas ocasiones disponen de ese tipo de apoyo especializado. Con suerte tendrán algún educador o educadora físico-deportivo a su alcance.

Las diferencias entre ambos ámbitos son numerosas. Muchas de ellas podrían reducirse si la administración pública destinara más recursos económicos. Otras, sin embargo, remiten directamente al ámbito profesional de los especialistas en rendimiento físico: los educadores y educadoras físico-deportivos. Desde esa perspectiva, resulta pertinente identificar algunos de los retos en los que esos profesionales pueden contribuir de manera significativa a la mejora de un servicio público esencial.

Investigación

La cultura científica vinculada a los colectivos de emergencia se distribuye de forma muy desigual a nivel internacional. Estados Unidos y China concentran la mayor parte de las publicaciones que analizan aspectos como la ergonomía, la tecnología o el rendimiento físico en ese ámbito. A considerable distancia se sitúan los países de la Unión Europea y, aún más lejos, el Estado español. En este último, los grupos de investigación dedicados específicamente al estudio de los colectivos de emergencia son escasos, y ninguno de ellos se encuentra arraigado ni en el País Vasco ni en la EHU.

Esta situación no es menor. Trasladar directamente los resultados de investigaciones realizadas en otros países a nuestro marco jurídico y normativo puede resultar poco eficaz. Un ejemplo ilustrativo es la diferencia entre las tácticas de extinción de incendios empleadas en nuestro entorno y las utilizadas en Estados Unidos. Esas divergencias responden, en parte, a normativas de seguridad laboral distintas, que acaban configurando prácticas motrices específicas según la región. De ahí la necesidad de desarrollar investigaciones contextualizadas, ajustadas a la realidad concreta de esos colectivos.

Conviene recordar, además, que los colectivos de emergencia son trabajadores y trabajadoras. Como tales, es imprescindible abordar de forma integral tanto su salud como su rendimiento laboral. De manera general, la literatura científica en ese ámbito puede organizarse en torno a tres grandes ejes: la condición física, los simulacros y los materiales.

Condición física

La condición física desempeña un papel central en el rendimiento de los colectivos de emergencia. No solo contribuye a optimizar las labores de rescate, sino que incrementa la seguridad global de toda la intervención. Sin embargo, es necesario adoptar una mirada crítica sobre las pruebas utilizadas para evaluarla, ya que no todas resultan igualmente válidas.

Al igual que ocurre en los deportes, sería recomendable identificar en primer lugar los factores que limitan el rendimiento y, posteriormente, vincularlos a test o pruebas de campo específicas, diseñados para evaluar la condición física real que exige cada colectivo en su actividad cotidiana.

Simulacros

Para identificar los factores que condicionan el rendimiento, existen, fundamentalmente, dos vías: la monitorización directa de una intervención real y la realización de simulacros. Aunque los avances tecnológicos actuales permiten recoger información sin interferir en la actuación del rescatador, cuando la vida de una persona está en juego esa opción resulta inviable. Por ese motivo, los simulacros se convierten en una herramienta clave.

La información obtenida a través de ellos permite establecer relaciones entre la condición física y las exigencias reales de la tarea. En ese sentido, es bien conocido que gran parte de los colectivos de emergencia debe superar pruebas físicas para poder acceder a cada grupo. No obstante, la evidencia científica muestra que aún queda un amplio margen de mejora. Diversos estudios señalan que esas pruebas de acceso se seleccionan, en ocasiones, de forma arbitraria y no siempre responden a los requerimientos reales de la actividad laboral. Y eso es un problema que afecta a la selección de personal. Frente a ello, la literatura científica propone metodologías específicas para el diseño de pruebas más ajustadas a las intervenciones reales.

Material tecnológico

Finalmente, el material tecnológico –herramientas, trajes, mochilas, entre otros elementos– desempeña un papel relevante en la mayoría de las intervenciones. Analizar cómo esos materiales influyen en el rendimiento físico resulta, por tanto, fundamental. En ese ámbito, la colaboración entre empresas tecnológicas, colectivos de emergencia e investigadoras e investigadores en Ciencias del Deporte puede favorecer el desarrollo de soluciones que mejoren tanto el rendimiento físico como la salud laboral.

Para profundizar en esta temática, se recomienda la lectura del capítulo ‘Punto de partido, salvar vidas: rendimiento físico en colectivos de emergencias’, incluido en el libro ‘Avances y retos de la investigación en el entrenamiento deportivo para el rendimiento’, en el que se abordan con mayor detalle esas cuestiones.