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Sheida Besozzi

Irán: un pueblo en resistencia

Profesora Ayudante Doctora en el Departamento de Economía Aplicada, Facultad de Relaciones Laborales y Trabajo Social. Miembro del Instituto Hegoa

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2026/01/29

Sheida Besozzi | Argazkia: Miguel Espiga. EHU.
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El 28 de diciembre de 2025 marcó el inicio de las últimas revueltas en suelo iraní. La población iraní está viviendo un momento de represión sin precedentes por parte de su gobierno, desde los tiempos de la Revolución del 1979. ¿Qué hay de nuevo en las peticiones del pueblo iraní? ¿Qué características distinguen estas revueltas de las anteriores? ¿Qué papel juega la solidaridad transnacional?

Injusticia social y económica, en la base de las revueltas

La economía del país lleva varios años sufriendo una importante inflación, especialmente notable en los bienes de primera necesidad. Las clases medias y trabajadoras se encuentran en un estado de “inseguridad crónica” debido a la corrupción de las clases políticas, que ha llevado a un mal uso de recursos naturales como el agua y a unos niveles muy altos de contaminación. En este contexto de injusticia social y económica, las sanciones impuestas por EE.UU. no hacen más que empeorar esta ya de por sí crítica situación inicial.

Las protestas empezaron en Teherán y fueron ampliándose rápidamente por otras ciudades y pueblos de la península, siendo la clase comerciante de los Bazares el sujeto inicial de las revueltas. La represión más violenta por parte de las fuerzas armadas se vivió los días 8 y 9 de enero 2026, durante el blackout de internet impuesto por el gobierno iraní. Es muy difícil saber el número exacto de iraníes que han perdido la vida desde el comienzo de las protestas, pero se han superado las cifras de todas las revueltas desde las del Movimiento Verde de 2009. Según la ONG Human Rights Activists News Agency (ubicada en Washington, EE.UU.) las víctimas han sido alrededor de 5.200, de las cuales 56 eran niñas y niños. La ONG Iran Human Rights (ubicada en Noruega) ha confirmado alrededor de 3.400 personas asesinadas.

Larga historia de resistencia civil noviolenta y resistencia cotidiana

Estas protestas recientes no representan un episodio aislado dentro de la historia socio-política del país. Aunque el tejido asociativo se encuentra debilitado tras años de autoritarismo, la sociedad civil iraní y, en particular, las mujeres, tienen un largo recorrido en resistir a los poderes autoritarios desde finales del siglo XIX, mediante la resistencia civil noviolenta y la resistencia cotidiana. La sociedad civil iraní es un ejemplo vivo de como la resistencia cotidiana fortalece la acción no violenta, tal y como vimos en las revueltas ‘Zan, Zendegi, Azadi’ (Mujer, vida, libertad en farsi) de 2022-2023, causadas por la muerte de Mahsa Jina Amini, una joven kurda iraní, mientras permanecía detenida por las Guardias Revolucionarias. Desde una mirada interseccional, las revueltas ‘Zan, Zendegi, Azadi’ representaron un hito para la población iraní y para el movimiento feminista en su conjunto. Por su parte, recordemos que el Movimiento Verde de 2009 planteaba una reforma desde dentro más que una ruptura con la República Islámica. Ese fue un movimiento de resistencia civil que tuvo un impacto notable también en la diáspora iraní, provocando la organización política de varios sectores de la población iraní fuera de Irán, en la sombra desde la Revolución del 1979.

Solidaridad transnacional

En palabras del historiador Afshin Matin-Asgari, las políticas sociales y económicas que han acompañado la Revolución del 1979 y la década de guerra entre Irán e Irak (1980-1988) han contribuido a la conversión de la República Islámica en un ‘warfare-welfare state’ (un estado militarista de bienestar). Tras la guerra de los 12 días de junio de 2025, académicas y académicos, activistas por los derechos humanos, sindicalistas, organizaciones de mujeres, presas y presos políticos iraníes, entre otras, firmaron varias declaraciones rechazando un cambio de régimen mediante una intervención desde el exterior o revueltas violentas.

Trump ha fortalecido la presencia militar de Estados Unidos en la región amenazando con atacar a Irán si continua la represión contra el pueblo iraní. Desde Irán, un ataque por parte de EE.UU. sería replicado “con una respuesta más dolorosa y más decisiva que en el pasado” decía el portavoz del Ministerio de Defensa iraní, el general Reza Talaei-Nik el pasado lunes. Por su parte, el Consejo de Derechos Humanos de las NN.UU. aprobó el pasado 23 de enero la Resolución A/HRC/S-39/L.1 sobre la situación de los derechos humanos en la República Islámica de Irán, especialmente en el contexto de la represión de las protestas nacionales a partir del 28 de diciembre de 2025. Más allá de la figura de Reza Pahlavi, que representaría una vuelta a los tiempos de la monarquía, la diáspora iraní puede jugar un papel decisivo en la obtención de una justicia social y económica para el pueblo iraní, siempre y cuando se coloque del lado de la solidaridad transnacional. En ese sentido, el trabajo conjunto entre ONGs iraníes en la diáspora, movimientos sociales y voces críticas con el autoritarismo desde la sociedad civil iraní tanto dentro como fuera de Irán son esenciales.