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Arturo Rodríguez Castellanos

¿Ha aumentado la incertidumbre con la globalización?

Catedrático de Economía Financiera

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2017/04/20

Artikulu hau jatorriz idatzitako hizkuntzan argitaratu da.

En los últimos tiempos podemos observar la aparición, cada vez más frecuente al parecer, de procesos y acontecimientos no previstos, tanto en el ámbito sociopolítico ("primavera árabe", Estado Islámico, migraciones masivas repentinas, Brexit, Trump) como en el económico-financiero (crisis económicas y financieras). Muchos autores atribuyen estos fenómenos imprevistos, pero de enormes repercusiones (lo que el profesor Taleb denomina "Cisnes Negros") al desarrollo de la globalización.

¿Es esto así? ¿Es la globalización fuerte de incertidumbre? Debemos tener en cuenta que la globalización, al incrementar enormemente los flujos de capitales, mercancías y personas entre partes del mundo antes poco conectadas, ha incrementado así la complejidad: el mundo globalizado es un mundo más complejo, y con ello aumenta la posibilidad de procesos no lineales, "caóticos", así como la frecuencia de fenómenos tipo "alas de mariposa": pequeñas causas, enormes efectos.

La globalización ha generado indudables efectos positivos (reducción de costes, aumento de la eficiencia, aumento del nivel de vida en países emergentes), pero no ha contribuido a resolver (incluso ha podido agudizar) importantes desequilibrios preexistentes (ecológico, armamentístico, digital-tecnológico, de pirámides de edad, crisis de valores). Además, a juicio de muchos, ha originado importantes efectos negativos: incremento de la desigualdad, especialmente grave en las economías desarrolladas, incremento de riesgos, incremento de la posibilidad de crisis financieras, incremento de la incertidumbre. Esta mayor incertidumbre parece manifestarse, como hemos comentado, en el cada vez más frecuente surgimiento de procesos y acontecimientos no previstos.

Ahora bien, aunque sin perder de vista el contexto general, a partir de ahora me centraré en la imprevisibilidad de las crisis financieras, en especial la más reciente, como consecuencia de la incertidumbre generada por el proceso de globalización. Y ello con base en los análisis realizados por el equipo integrado por las profesoras Nerea San Martín, Sara Urionabarrenetxea y yo mismo.

En primer lugar, podemos preguntarnos: ¿es cierto que la globalización favorece el desencadenamiento de crisis financieras? Para muchos autores, la respuesta a esta pregunta es positiva: la globalización produce distorsiones que pueden exacerbar la volatilidad de las magnitudes financieras, a través de tres canales principales: en primer lugar, las asimetrías de información, pues se puede invertir en cualquier activo del mundo, pero si el activo es muy lejano, seguramente no se tendrá toda la información sobre el mismo; en segundo lugar, el uso de productos financieros complejos (opciones complejas, bonos de titulización, swaps), muchos de los cuales implican fuertes apalancamientos, que aumentan el riesgo; y por último, la mayor participación de los inversores institucionales que, en busca de la mejor relación rentabilidad-riesgo, pueden mover instantáneamente enormes cantidades de fondos entre países.

De hecho, parece que, en el caso de muchos países emergentes, la liberalización prematura de los mercados de capitales (esto es, la integración prematura en la globalización financiera) sin haber desarrollado previamente una supervisión financiera sólida, provocó fuertes incrementos de la volatilidad, que originaron fuertes crisis financieras en los años noventa del pasado siglo.

Ahora bien, con respecto a la última gran crisis, podemos también preguntarnos: ¿ha podido ser causada por la globalización? ¿Ha podido la globalización contribuir a su severidad y extensión? También aquí la respuesta es positiva en ambos casos. Hay gran consenso en afirmar que en el origen de la crisis existió un doble fallo: de los mercados (burbujas en los precios, especialmente en el sector inmobiliario, innovaciones financieras radicales sin cambiar los modelos mentales de los agentes en los mercados, excesivo endeudamiento por parte de las entidades financieras, concentración del riesgo sistémico -grandes bancos "demasiado grandes para quebrar"-); y de la regulación y supervisión, que deberían haber corregido los fallos de los mercados. Pero la globalización contribuyó a que estos fenómenos alcanzasen un nivel sin precedentes. Además, una vez desencadenada la crisis, la globalización contribuyó a su extensión intensa y rápida: réplicas en muchos países, secuelas de magnitud no prevista…

Y con una característica adicional: a pesar de las numerosas alarmas existentes sobre la insostenibilidad de la situación previa a la crisis, ésta no fue prevista, en el sentido de que nadie supo anticipar dónde y cuándo se produciría, su forma e intensidad, y sus consecuencias para la economía real. Ahora bien, en cuanto a imprevisibilidad, esta última crisis no se diferencia de las anteriores crisis de los países emergentes en los años 90.

Para comprobar si efectivamente las crisis asociadas a la globalización no han podido ser previstas, hemos analizado la capacidad de previsión a corto y medio plazo respecto de las crisis financieras externas, en el periodo 1992-2011, por parte de dos instrumentos de medición del riesgo país, muy conocidos y utilizados: el índice de riesgo país de la Revista Euromoney, y una media de los ratings soberanos emitidos por las principales agencias de calificación: Moody's, Standard & Poor's y Fitch. Los resultados son claramente negativos: ninguno de estos instrumentos parece capaz de discriminar anticipadamente entre países con crisis y países sin crisis, esto es, no son capaces de prever las crisis financieras externas.

Estos resultados refuerzan lo ya afirmado anteriormente: la globalización parece haber incrementado la incertidumbre, así como la frecuencia de las crisis financieras y la imprevisibilidad de las mismas. En consecuencia, debemos rechazar el supuesto de "fácil predictibilidad", y asumir la importancia de la incertidumbre y de la imprevisibilidad como características inherentes a la realidad económica actual.

El mundo actual es menos previsible. Pero esta no es necesariamente una mala noticia. Además de mejorar los métodos para decidir en condiciones de incertidumbre, debemos considerar que, si el futuro no está escrito, debemos dedicarnos más a construir el futuro que a procurar preverlo con precisión. El futuro depende ante todo de cómo lo hagamos.

Por otra parte, la incertidumbre no es siempre negativa: es fuente de oportunidades. Lo incierto puede ser tanto negativo como positivo. Debemos, pues, analizar los riesgos para limitarlos, pero evitando anular las fuentes de oportunidad. Sin excluir la posibilidad de nuevas y mejoradas técnicas de previsión (para muchos, los big data son la gran esperanza), parece sensato asumir la incertidumbre como una característica esencial del entorno económico-financiero globalizado. En consecuencia, debemos confiar no tanto en la previsión como en la prevención: limitar a priori la formación de riesgos y, si el riego se materializa, actuar rápidamente para minimizar sus consecuencias.

¿Y respecto de posibles crisis financieras en el futuro? ¿Se pueden evitar? La respuesta es: difícilmente. Como ya se ha indicado, la globalización ha incrementado la volatilidad, y con ella la incertidumbre y la imprevisibilidad. Pero, entonces, ¿no se puede hacer nada? Entiendo que sí, pero, como también se ha indicado, poniendo el acento en la prevención: más y mejor regulación, más y mejor supervisión de los sistemas financieros, y establecer mecanismos de intervención rápida, para atajar las crisis ya en sus inicios.

¿En qué medida están avanzando las autoridades de los diferentes países en esas líneas? Pues, en mi opinión, hasta hace un tiempo en la buena dirección, pero muy lentamente. Sin embargo, recientemente da la impresión de que se quieren revertir algunos aspectos de lo ya avanzado. Ojalá me equivoque, pero no puedo sustraerme a la impresión de que está creciendo el peligro de desarrollar condiciones para la próxima gran crisis financiera.

 

Fotos: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.