Javier Sánchez-Beaskoetxea
No es Ormuz. Son los barcos
Nautikako irakaslea Bilboko Ingeniaritza Eskolan
- Cathedra
Lehenengo argitaratze data: 2026/04/16
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Hicieron falta millones de años de actividad geológica y de tectónica de placas para crear la península arábiga, el golfo Pérsico, la forma de sus costas y sus inmensos recursos petrolíferos. Hicieron falta miles de años en la historia del ser humano para conformar los pueblos que allí habitan. Pero una sola persona con una sola decisión es capaz de ponerlo todo patas arriba de un día para otro y después solucionarlo para volver a enredarlo todo de nuevo, sobre todo si esa persona se llama Donald J. Trump y es el presidente de los EE.UU. de América.
Según la U.S. Energy Information Administration, desde el año 2020 hasta 2025 pasó anualmente por el estrecho de Ormuz cerca del 28% de todo el petróleo transportado por mar en el mundo. Y esto se debe a que entre los países del Golfo se encuentran algunos de los mayores productores de petróleo y gas del mundo y que, a su vez, estos grandes productores son los mayores exportadores de crudo del mundo. Y como la mayor parte del petróleo que sale del Pérsico lo hace por vía marítima en grandes buques petroleros, no hay forma de evitar que cualquier problema que entorpezca el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, única salida y entrada al Golfo para los buques mercantes, sea un importantísimo revés para el mercado del petróleo, y, por ende, para la economía mundial, que está basada en buena parte en el petróleo como fuente de energía.
Cerrar el estrecho de Ormuz es sencillo para cualquier país de la zona (o de otra zona, pero con poder, como EE.UU.) con voluntad de hacerlo –no entro en si es legal o no-. Es cierto que es ancho, unas cuatro veces más que el estrecho de Gibraltar, pero las aguas navegables para los grandes petroleros (y los que operan allí son los más grandes del mundo para aprovechar el largo viaje), no son tan anchas, y con solo la amenaza real de que un petrolero pueda ser atacado, la mayoría de las empresas navieras se lo pensarán mucho antes de enviar uno de sus barcos a cruzar Ormuz.
Además, el abrir el paso con una tregua temporal poco sólida no es condición suficiente para que los petroleros vuelvan a la zona, (una vez que les dejen salir, claro). Pocas navieras se atreverán a meter allí sus barcos sin garantías de que, tras cargar sus tanques, vayan a poder salir de nuevo. Además, los seguros se pueden negar a asegurar esos buques o a hacerlo con unas sobreprimas excesivas, o incluso puede haber tripulantes que se nieguen a entrar allí, como ya pasó en la Guerra del Golfo en los 90.
Por tanto, creo que, mientras no se reconduzca el conflicto al estado anterior a la decisión de Trump de atacar a Irán, la disrupción en el mercado del petróleo va a seguir y nos encaminamos a un encarecimiento de todo, por desgracia. Parece que detrás de las, aparentemente, erráticas decisiones del presidente americano, puede estar la guerra comercial que tiene también con China, que es de los países que más necesita que Ormuz esté abierto (el 25% del petróleo que sale de Arabia Saudí va a China). Quién sabe. China también compra mucho petróleo a Rusia y tiene unas enormes reservas estratégicas. Pero…, “quita y no pon, se acaba el montón”, como decía mi madre.
En fin. Una vez más, como ya pasó con el encallamiento del portacontenedores Ever Given en Suez hace unos pocos años, la gente ha tomado conciencia de la importancia vital del transporte marítimo en nuestras vidas debido a que la ausencia del tráfico marítimo normalizado afecta a los bolsillos de todos y cada uno de nosotros y ha descubierto que lo importante no es el estrecho de Ormuz, ni el canal de Suez, ni el canal de Panamá, sino que lo importante son los barcos que atraviesan esos puntos clave de la economía mundial. Y la gran importancia que tiene el tráfico marítimo de mercancías es lo que les da transcendencia a estos enclaves naturales o artificiales.
Claro, Javi. Eso ya lo sabemos. Pero entonces, tampoco son importantes los barcos, sino que lo que es realmente importante es el comercio mundial, me dirá alguno, y con razón.
Y sí, he de decir que quien me diga eso tiene toda la razón. La economía global, el mundo que hemos construido y que nos permite comprar casi de todo a precios relativamente accesibles (sino escandalosamente baratos a costa de algunos pobres trabajando Dios sabe dónde y en qué condiciones) se basa en buena parte en la importancia del comercio internacional. Pero, y aquí quería llegar, este comercio internacional al nivel que hoy en día se da, es posible solo porque hay barcos mercantes, muchos barcos mercantes y muy grandes, enormes, que pueden transportar montañas de mercancías de forma barata. Y no olvidemos que dentro de estos barcos hay muy pocas personas, gentes de mar, que estarán cruzando los dedos y mirando al cielo para ver si alguno de los misiles que pasan sobre las estelas de sus buques se acerca demasiado a sus camarotes.
Y ya que tengo, gracias de nuevo, la oportunidad de dirigirme desde aquí a toda la comunidad de nuestra EHU, quiero recalcar, una vez más, la importancia que nuestras enseñanzas náuticas tienen en la sociedad, ya que permiten que todos esos buques que surcan las aguas, a veces turbulentas, de todos los mares, estén tripulados por personas, hombres y mujeres, que han salido de escuelas y facultades de Náutica de todo el mundo, incluyendo la nuestra.
Espero que los medios de comunicación y el mundo en general, cuando las aguas se calmen de nuevo, sigan dándoles a los marinos la importancia que se merecen y que no veamos barcos en las noticias solo cuando hay un accidente, un atasco o cuando nos sube la gasolina porque los petroleros no pueden pasar por el estrecho de Ormuz.
Hace un par de años, la EHU publicó un trabajo escrito por un grupo de profesores de Náutica y de Periodismo bajo el título “Manual del negocio marítimo para periodistas”.
Sé que es mucho pedir, pero estaría bien que algunos medios lo tuvieran a mano en estos días, para que cuando les toque hablar de barcos lo hagan con un poco de precisión y no leamos que hay cientos de barcos “varados” en el Pérsico, en lugar de atrapados o fondeados; o que han atacado un “petrolero” ruso que llevaba gas metano (¿a ver si es que era un gasero?), o cosas así.
Suerte a los compañeros y compañeras que están a bordo de barcos en el Pérsico. Y muchas gracias por permitirnos poder seguir manteniendo en tierra nuestra forma de vida.