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Necrológica Prof. R. Ottenhof por el Prof. J. L. de la Cuesta

Lehenengo argitaratze data: 2026/02/03

Prof. Dr. Dr. h.c. Reynald Ottenhof (1939-2026)

El lunes 26 de enero nos dejaba Reynald Ottenhof, profesor emérito de la Universidad de Nantes, Vicepresidente honorario de la AIDP, Dr. honoris causa por nuestra UPV/EHU y Miembro de honor de nuestro Instituto Vasco de Criminología.

Nacido en 1939 en Nantes (Francia), Reynald Ottenhof comenzó su andadura profesional universitaria en 1961, en su ciudad natal, doctorándose en 1968 en Rennes (donde había culminado sus estudios de Derecho) con una importante tesis doctoral en torno al “Derecho penal y la formación del contrato civil”, dirigida por el Prof. Pierre Bouzat. En 1972 llegó como Catedrático a la Universidad de Pau y de los Países del Adour. En ella permaneció más de 20 años hasta que en 1994, tal vez respondiendo en parte a la llamada de su Bretaña natal, se trasladó a la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Nantes, donde desde 2001 era profesor emérito.

Sus principales contribuciones científicas giran en torno a la prevención de la delincuencia, la delincuencia juvenil y otros aspectos centrales de la Política criminal y del Derecho penal internacional, ámbitos a los que, personalmente y como apasionado “aficionado”, añadía la “tauromaquia en la arena judicial”. En todo caso, su compromiso por el respeto y garantía de los derechos humanos de los afectados por la intervención penal (delincuentes y víctimas), que ya se manifestara en una intensa participación en el Comité de elaboración de la Convención de las Naciones Unidas contra la tortura, fue leit motiv de muchos de sus proyectos investigadores, los cuales cubren un amplio espectro de la problemática penal y criminológica francesa e internacional. Como afirmaron los editores del libro Le champ pénal, publicado en su honor, Reynald Ottenhof no dejó nunca de explorar el “campo penal” desde su vertiente jurídica hasta su vertiente más criminológica, y sin olvidar el terreno de la Política criminal. En efecto, el esmero por combinar una depurada técnica jurídica con los conocimientos procedentes de la (propia) investigación criminológica, con miras a lograr unas adecuadas propuestas de Política criminal, otorga a su obra una personalidad propia como ponen de relieve sus estudios sobre el crimen organizado o el terrorismo... Así, por ejemplo, en relación con el crimen organizado, impulsado por afanes político criminales tan legítimos como fundamentales, propuso partir de la noción criminológica para llegar a la imprescindible, pero tan difícil de delimitar, noción jurídica de este fenómeno, que Georges Picca, Secretario General de la Sociedad Internacional de Criminología, atinadamente denominó “la cara oscura de la globalización”. Por su parte, en su contribución al libro homenaje a nuestro maestro y fundador, Antonio Beristain, titulada “¿Terrorismo o terrorismos? Diálogo sobre un singular-plural”, partiendo del polimorfismo del terrorismo la atención del prof. Ottenhof se centró en buscar el hilo de Ariadna capaz de permitir esa aproximación de conjunto, imprescindible, a su juicio, en el plano penal y criminológico, por razones axiológicas y pragmáticas. El resultado de su investigación le llevó ya en 1989 a proponer una doble línea de actuación frente al terrorismo internacional:

  • de un lado, el desarrollo de una pedagogía del lenguaje y de la comunicación, no en vano nos decía- el terrorismo, además de una forma criminal especialmente odiosa, es “la más degradada forma del lenguaje”, y,
  • en el plano penal, el despliegue de instrumentos penales internacionales eficaces: entre ellos, la justicia penal internacional.

Precisamente, a la creación de la Corte Penal Internacional, dedicó también no pocos esfuerzos. Sabedor de que la globalización es un hecho, pero -como nos recuerda Carlos Fuentes- “le falta el derecho”, y profundamente convencido de la importancia del establecimiento de una jurisdicción penal internacional para “civilizar la globalización” (E.Barón) y –como pide Max Horkheimer– “que los verdugos de la historia nunca lleguen a triunfar sobre sus víctimas inocentes”, Ottenhof participó en la Conferencia intergubernamental de creación de la Corte Penal Internacional, en la que destacó el protagonismo de la AIDP y, muy en particular, del Presidente Cherif Bassiouni, y de la que salió el texto del Estatuto en vigor.

Luchador sin descanso por la institución universitaria, nunca se caracterizó por escatimar el tiempo dedicado a los estudiantes y colegas, franceses y extranjeros… Ciertamente, su generosidad es el rasgo particularmente subrayado por cuantos hemos tenido el privilegio de colaborar con él; una generosidad plasmada de manera especial en su intensa colaboración con diversas organizaciones académicas internacionales: la Sociedad Internacional de Criminología, la Sociedad Internacional de Defensa Social, de la fue Vicepresidente, y, sobre todo, en la Asociación Internacional de Derecho Penal. Creada en 1924 en París, como heredera de la Unión Internacional de Derecho Penal –que fuera establecida en Viena en 1889 por maestros de la talla de Von Liszt, Prins y Van Hammel–, la AIDP es la organización de más tradición y solera en nuestro ámbito. Tras un amplio período de colaboración inicial, “informal” pero muy eficaz, como ayudante de Bouzat (elegido Presidente en 1969 tras haber desempeñado las funciones de Secretario general y Director de la Revue), Reynald fue nombrado Secretario General adjunto y tesorero en 1974, ocupando sucesivamente durante los siguientes mandatos presidenciales (hasta 2009) las posiciones de Secretario General y de Vicepresidente científico de la Asociación, que compaginó con la Dirección de la Revue Internationale de Droit Pénal y demás publicaciones de la AIDP, así como con la pertenencia al Consejo de Administración del Instituto de Siracusa desde 1976. Fue en el marco de las actividades de la AIDP que Reynald sufrió un atentado terrorista que marcó profundamente su vida (1): el ametrallamiento de los comensales del restaurante “La Felouque” del Hotel Semiramis, en El Cairo (26 octubre 1993), donde se celebraban las Jornadas organizadas por el Grupo Nacional Egipcio de la Asociación. En él fallecieron sus dos compañeros de mesa: los añorados Fernand Boulan, Decano de la Facultad de Derecho de Aix-en-Provence y Redactor-jefe de la Revue, y el magistrado italiano Luigi Daga; Reynald, milagrosamente, salió ileso.

En cuanto a su relación con el Instituto Vasco de Criminología, del que en 1990 fue nombrado Miembro de honor, el profesor Ottenhof mantuvo una entrañable relación de amistad con el profesor Beristain, nacida en las reuniones internacionales en las que ambos tomaban parte. Y desde la Universidad de Pau y de los Países del Adour intervino ya en la fase constitutiva del Instituto, organizando conjuntamente con Antonio Beristain el XXVI Curso Internacional de Criminología, desarrollado en 1976 en Pau, Bayonne y San Sebastián. Fue igualmente promotor de las Acciones integradas entre el Instituto y el Centre de Sciences Criminelles, que permitieron la movilidad de docentes e investigadores de ambos lados de la frontera y que dieron paso a múltiples proyectos conjuntos y actividades de cooperación entre Donostia, Bayonne y Pau, de los que se han beneficiado múltiples universitarios.

Este es particularmente mi caso. Conocí a Reynald, como estudiante, con ocasión del ya mencionado Curso Internacional en 1976, a lo que siguió en diciembre de ese mismo año la participación en el Seminario internacional sobre Derecho Penal Internacional para doctorandos y en la Conferencia internacional sobre enseñanza, investigación y práctica del Derecho Penal, organizados por el Instituto de Siracusa. Comenzó ahí una rica colaboración y amistad que se vio intensificada por las frecuentes visitas de Reynald a San Sebastián para participar en jornadas, coloquios y cursos de verano y en las que acudió con frecuencia acompañado por su esposa Marie Yvonne y su hija Anna. Tras la celebración del XIII Congreso Internacional de Derecho Penal (El Cairo, 1-7 octubre 1984) propuso Reynald a los órganos directivos de la Asociación mi nombramiento como redactor jefe adjunto de la Revue Internationale de Droit Pénal, a lo que siguió en 1989 mi integración en el equipo de secretarios generales adjuntos del nuevo presidente electo, Cherif Bassiouni. En 2004, cuando el propio Reynald podía haber sido “el” candidato natural a la presidencia en la Asamblea de Beijing, convencido de la necesidad de rejuvenecer la Asociación, decidió permanecer como Vicepresidente científico y Director de la Revue y ceder el paso a la siguiente generación, promoviendo con entusiasmo mi candidatura a la Presidencia, algo que ha quedado grabado en mi corazón y no podré nunca llegar a reconocer suficientemente.

En estos momentos de profunda tristeza, como escribiera José María Díez-Alegría, yo también “Creo en la esperanza”: somos tantos (y de tantos países) los que nos sentimos profundamente privilegiados por haber podido conocer a Reynald, aprender de su incansable capacidad de trabajo y de su magisterio humanista entusiasta y ejemplar, y disfrutar de su dedicación cercana y generosa y de su gran amistad...

¡Descansa en paz muy querido y admirado amigo y profesor!

 

José Luis de la Cuesta Arzamendi
Presidente honorario de la Asociación Internacional de Derecho Penal
Presidente del Comité de honor del Instituto Vasco de Criminología (UPV-EHU)

 

(1) Ver su nota necrológica “In memoriam. Fernand Boulan”, en el volumen dedicado en su homenaje, Revue Internationale de Droit Pénal, 67 (1-2), 1996, p.13-16.