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No os perdáis este articulo... "¿Existe relación entre los espacios verdes y la memoria de trabajo de niñas y niños y adolescentes?"

Fecha de primera publicación: 01/04/2025

El equipo de Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Biogipuzkoa ha coordinado un estudio en el que se ha analizado la relación entre las zonas verdes y la memoria laboral de niños y adolescentes. El estudio, publicado en la revista internacional de ciencia Environmental Research, cuenta con la participación de sus colegas Mikel Subiza-Perez, Ane Arregi, Nerea Lertxundi y Aitana Lertxundi.

La memoria de trabajo es una función cognitiva que combina la memoria y la atención, y permite que almacenemos información durante breves períodos de tiempo mientras realizamos tareas específicas. Esta función se utiliza por ejemplo cuando conversamos, aprendemos, razonamos y resolvemos problemas. Varios estudios epidemiológicos han indicado que los entornos residenciales más verdes, es decir, con mayor presencia de árboles, vegetación y espacios verdes, podrían contribuir a un mejor neurodesarrollo infantil. En estos estudios, niñas y niños y adolescentes que vivían en entornos más verdes puntuaban más alto en pruebas de inteligencia, memoria de trabajo y otras funciones ejecutivas que aquellos que vivían en zonas no tan verdes. Sin embargo, las últimas revisiones sistemáticas muestran que estos resultados han podido confirmarse en menos de la mitad de los artículos.

El objetivo de este trabajo era por tanto generar más evidencia científica para ayudar a dilucidar esta cuestión. Para ello, el grupo de investigación ha aprovechado la infraestructura del consorcio LifeCycle, un consorcio europeo de estudios de cohorte, del que la cohorte INMA-Gipuzkoa forma parte. Específicamente, se analizó si un mayor verdor residencial se asociaba positivamente con las puntuaciones obtenidas en pruebas de memoria de trabajo por niñas y niños y adolescentes de 6 a 12 años en tres cohortes europeas: INMA, Born in Bradford (BiB) y el Avon Longitudinal Study on Parents and Children (ALSPAC). En total, se analizaron datos de más de 6.000 participantes que realizaron las pruebas de memoria se realizaron por ordenador.

El grupo de investigación pudo confirmar una relación entre un entorno más verde y las pruebas de memoria de trabajo para las y los participantes de la cohorte INMA cuando tenían entre 6 y 8 años de edad y para los de la cohorte BiB cuando tenían entre 7 y 10 años. Sin embargo, no encontraron dicha relación para las y los participantes de INMA ni para los de ALSPAC cuando tenían entre 10 y 12 años. Estos resultados están en línea con lo que se había encontrado en estudios previos, es decir, que los beneficios cognitivos de los espacios verdes y la vegetación urbana no son consistentes. Por lo tanto, no se puede afirmar rotundamente que sean beneficiosos para el desarrollo cognitivo durante la infancia y la adolescencia, lo cual recomienda cautela a la hora de interpretar la evidencia científica al respecto.

De hecho, en la actualidad se ven muchas noticias que se hacen eco de estudios sobre los beneficios de los espacios verdes y la naturaleza para muchos aspectos de la salud de las personas. Entre otros, hay trabajos que los relacionan con la salud mental y el neurodesarrollo, con la salud respiratoria, con el peso al nacer y con muchas otras variables de salud. Sin embargo, la evidencia científica detrás de dichas afirmaciones no siempre es tan consistente y unívoca como nos gustaría. En el caso que nos ocupa, y desde un punto de vista poblacional y de salud pública, no se puede afirmar con seguridad que los espacios verdes y la vegetación urbana contribuyan positivamente al desarrollo neuropsicológico y el desempeño cognitivo.

Las y los autores del trabajo destacan que “Estamos muy contentas por el trabajo realizado, ya que hemos podido aprovechar datos de diferentes cohortes europeas y por tanto publicar un trabajo de relevancia internacional.” Y esperan “que los resultados sirvan para hacer avanzar el conocimiento científico.” Añaden que “quisiéramos agradecer el esfuerzo y la participación de todas las familias INMA que año tras año se involucran para que el estudio pueda seguir adelante. En este caso también queremos extender este agradecimiento a las familias de Bradford y Bristol en Reino Unido por su participación.”

Además de las familias voluntarias, este trabajo ha sido posible gracias al inmenso trabajo de muchas y muchos investigadores e instituciones que han permitido que el consorcio LifeCycle se establezca y continúe funcionando y a la financiación europea recibida para ello.