Una mañana al aire libre puede convertirse en una auténtica clase de biología, ecología y bienestar emocional. Así lo demuestra la experiencia de más de 600 escolares de Leioa que, desde 2022, han participado en el programa “Ezagutu Arboretuma – Conoce el Arboretum”, una iniciativa que transforma el parque botánico de la EHU en un aula verde abierta a la curiosidad, la ciencia y la conexión con la naturaleza.
De la clase al bosque: escolares de Leioa descubren el Arboretum de la EHU
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Fecha de primera publicación: 30/10/2025
Situado estratégicamente en la ladera sursureste del campus de Leioa, el Arboretum de la EHU no es un parque cualquiera. Es un espacio de 19 hectáreas, de las que 13 están dedicadas a colecciones botánicas y zonas naturales. El Arboretum funciona como una biblioteca vegetal al aire libre, donde crecen más de 2.500 árboles y arbustos de 420 especies distintas. Un escenario único, abierto a toda la ciudadanía.
Impulsada por la Asociación Nakusarbe —entidad surgida en 2006 como spin-off de la EHU con el lema “Sembrando Ciencia, Cosechamos Bienestar”—, la iniciativa “Ezagutu Arboretuma–Conoce el Arboretum” convierte este enclave del campus de Leioa en un laboratorio natural, donde la biodiversidad se transforma en conocimiento al alcance de todas las edades.
Desde su inauguración en 2008, este entorno botánico, que fue diseñado por Land Art Studio, refleja el compromiso ambiental de la universidad y pretende consolidarse como un recurso valioso tanto para la educación como para el esparcimiento. De la mano de Nakusarbe, y con su presidente Alberto Santolaria de Castro, que también es investigador del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la EHU, cientos de escolares de 4º de Primaria de Leioa han recorrido el Arboretum durante varias jornadas a lo largo del mes de octubre, en un itinerario sensorial y práctico que les ha permitido descubrir la ecología desde una experiencia directa.
«El arboretum: biblioteca viva de naturaleza vegetal»
“El objetivo es que los y las escolares no solo vean plantas, sino que comprendan y valoren el ecosistema en el que viven, que conecten con la naturaleza”, explica Santolaria. “Queremos encender su curiosidad científica y que aprendan a mirar el mundo con otros ojos”.
Ciencia que se toca, se huele… y se siente
Las visitas comienzan junto al edificio del Rectorado, donde se ofrece una introducción amena y participativa sobre la importancia del espacio y los temas que se abordarán durante el recorrido. A lo largo del itinerario, las paradas funcionan como aulas al aire libre donde se combinan explicaciones teóricas con actividades prácticas adaptadas a su edad. Guiados por jóvenes investigadores, el alumnado identifica especies, analiza el paisaje y observa el suelo. Una de las actividades más valoradas es la creación de un pequeño herbario de campo, en el que los y las estudiantes recogen y clasifican algunas de las especies más comunes del entorno, iniciándose así en técnicas básicas de catalogación científica.
Baño de bosque y emociones
Otro de los momentos mejor valorados es la breve práctica de Shinrin-yoku o "baño de bosque", inspirada en la tradición japonesa. Durante unos minutos, con los ojos cerrados, niñas y niños se sumergen en los sonidos, aromas y sensaciones del entorno. Esta pausa activa no solo es un objeto de estudio. Aporta calma, valiosa para reducir el estrés, y enseña que la naturaleza también es una fuente de bienestar emocional. “una auténtica experiencia inmersiva de valor excepcional, por su alta calidad pedagógica”, apunta Alberto Santolaria.
En la visita del Colegio Público San Bartolomé de Leioa, el 24 de octubre, las explicaciones corren a cargo de Irati Sanz Zubizarreta, profesora predoctoral del Departamento de Biología y Ecología Vegetal, quien destaca la buena acogida entre el alumnado: “Ikasleek oso gustura hartzen dute”, comenta. “Se desarrolla una afición de manera natural y, al final de la excursión, se ve que identifican especies como el roble o el haya. Cada persona se queda con algo distinto, pero todas interiorizan el valor del bosque”.
«Sembrando Ciencia, Cosechamos Bienestar»
Sanz subraya también la dimensión social del proyecto: “Muchas familias de Leioa aún no conocen el Arboretum, y estas actividades con los colegios son una excelente oportunidad para descubrirlo, aprovecharlo y ponerlo en valor”. “Ezagutu Arboretuma” demuestra que la ciencia no está encerrada en laboratorios. Está en los árboles, en el suelo, en el aire... y en los ojos curiosos de quienes la descubren por primera vez. Por eso, durante la visita, invita a los niños y niñas a detenerse y escuchar: “Estamos en un ecosistema natural, con humedad, árboles y sonidos que cambian con el viento o con los pájaros. Este bosque se mantiene solo, sin necesidad de riego ni abono: es un sistema vivo y equilibrado”, les explica Irati.
“Me gusta la naturaleza. Es… admirable”, confiesa Danel, uno de los alumnos del Colegio San Bartolomé de Leioa. “He cerrado los ojos y he notado una gran tranquilidad mientras escuchaba las hojas moverse, el agua y los pájaros cantar”.
Su compañero Max muestra curiosidad por los frutos del entorno: “Mira, esta capa es nogalina, sirve para hacer tintes”, explica después de escuchar a Santolaria hablar de los pigmentos naturales que se obtienen del nogal.
Un parque, muchas culturas
El Arboretum es una auténtica biblioteca vegetal dividida en dos grandes zonas: la parte natural, donde el bosque de robles y alisos crece de forma espontánea en la parte derecha de la ladera junto a Bellas Artes, y la zona de colecciones botánicas, que reúne especies de los cinco continentes con climas similares al vasco. Entre sus áreas destacan: la Colección Mediterránea, la Norteamericana, la del Hemisferio Sur (Sudamérica, África, Australia), la Asiática, la Autóctona Vasca y la Conmemorativa (con árboles plantados por Doctores Honoris Causa de la EHU).También alberga el “Bosque de la Vida”, un espacio de homenaje a quienes donan su cuerpo a la ciencia, que aporta una dimensión simbólica y humana al recorrido.
Desde 2012, el Arboretum cuenta además con protección foral y ha sido escenario de diversas acciones de recuperación ambiental, como sueltas de cárabos, cernícalos, erizos o galápagos autóctonos.
https://www.nakusarbe.com/arboretum
Un éxito que germina
Desde su puesta en marcha, el programa ha sido valorado muy positivamente por los centros educativos de Leioa. De hecho, ha sido elegida como actividad extraescolar continuada, con una participación que crece cada año.
«Baño de bosque y emociones»
“El secreto está en el equilibrio entre rigor científico y cercanía. Señala Santolaria. “Nuestros monitores son jóvenes investigadores, con capacidad para transmitir con pasión y claridad. A la vez que enseñan, aprenden a comunicar la ciencia a la sociedad”. Irati Sanz coincide: “Para nosotras y nosotros es una oportunidad increíble. Aprendemos a comunicar lo que investigamos y vemos cómo los niños responden con entusiasmo a cosas que en la universidad damos por hechas”.
Mirando al futuro
Este proyecto es también una muestra de colaboración entre instituciones: actualmente la EHU aporta el espacio y la calidad pedagógica de su personal investigador; desde el Ayuntamiento de Leioa, con José Belmonte como responsable del Departamento de Educación, se garantiza la financiación; y los colegios públicos de Leioa aseguran su impacto social, mediante la participación de su alumnado de 4º de Primaria.
Con el objetivo de garantizar su continuidad, el investigador plantea buscar nuevos apoyos: “Sería ideal implicar a empresas de Leioa , con gran proyección global pero poca presencia social local. Este proyecto encajaría perfectamente en sus políticas de responsabilidad social”.
«Reconexión humana con la naturaleza»
El Arboretum, además, acoge cada mes de octubre la tradicional Feria de los Cinco Continentes, con artesanos de la jardinería y viveristas que convierten el espacio en un punto de encuentro natural y cultural. “Sería fantástico ampliar este tipo de eventos y convertir el Arboretum en un escenario vivo para conciertos, talleres o actividades lúdicas”, señala Santolaria.
En un mundo cada vez más digital y desconectado de los ritmos naturales, iniciativas como esta ponen en valor algo más profundo que los propios datos: una relación más consciente, respetuosa y emocional con el entorno. Porque quizá, para empezar a cuidar el planeta, lo primero sea aprender a conocerlo... y tomarse el tiempo de escucharlo.
