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José Luis de la Granja Sainz, catedrático de Historia Contemporánea
«Euskadi nació en octubre de 1936»
- Entrevista
Fecha de primera publicación: 06/10/2016
Transcurridos ochenta años de la aprobación del primer Estatuto y de la formación del primer Gobierno vasco en octubre de 1936, es momento de resaltar su trascendencia histórica. Para ello, hablamos con José Luis de la Granja Sainz, catedrático de Historia Contemporánea de la UPV/EHU y coautor de la biografía del lehendakari José Antonio Aguirre (‘La política como pasión', Tecnos, Madrid, 2014), quien mantiene que "deberían ser fechas relevantes a conmemorar por suponer el nacimiento institucional de Euskadi y su reconocimiento no sólo en el Estado español republicano, sino también en el orden internacional".
¿Cómo se fraguó aquel Estatuto vasco de 1936?
La generación nacionalista de 1936, liderada por Aguirre, Irujo y Ajuriaguerra, se decantó por consumar su alianza con las izquierdas con la entrada en vigor del Estatuto, que vino de la mano del socialista Prieto, quien fue «el hombre del Estatuto», en palabras del propio Irujo. No en vano el Estatuto de 1936 reflejaba más las ideas de Prieto y las izquierdas que las del PNV, cuyos postulados habían impregnado más los proyectos autonómicos anteriores. Los dos artífices principales del Estatuto fueron Prieto y Aguirre, presidente y secretario, respectivamente, de la Comisión de Estatutos de las Cortes, donde consensuaron el texto en la primavera de 1936, en vísperas de la Guerra Civil. Y el tercero fue Irujo, que aceptó ser ministro para que se aprobase enseguida el Estatuto, por el que tanto había luchado durante la República a pesar de la defección de Navarra, su tierra, en 1932.
Usted mantiene que Euskadi nació con el Estatuto de 1936.
Mi afirmación de que Euskadi nació con el Estatuto de 1936 se basa en lo que ya vislumbró Manuel Irujo en la República: Euskadi no existió jurídicamente hasta la aprobación de dicho Estatuto, porque nunca había existido institucionalmente, nunca había habido un Gobierno vasco en la historia. Irujo, el más republicano del PNV, fue el primero que se desmarcó del Estatuto de Estella, con su polémico Concordato vasco, en 1931, y en 1935 estaba dispuesto a bendecir la mano que trajese el Estatuto. Al año siguiente, dicha mano fue la de Prieto. Irujo quería ante todo el Estatuto, aunque fuese de mínimos, porque para él «la existencia del Estatuto es tanto como la existencia de Euzkadi». «Es el reconocimiento de Euzkadi. Es el principio de su existencia en el orden político, ante el derecho constituido», según declaró en sus discursos políticos de 1931.
Un momento convulso para esa iniciativa…
El Estatuto de 1936, que imitaba al catalán de 1932, creaba la «región autónoma» del País Vasco y se limitaba a enumerar las facultades autonómicas, como la existencia de un «órgano ejecutivo» y un «órgano legislativo» (ni siquiera eran denominados Gobierno y Parlamento) y a mantener la vigencia del Concierto económico de 1925. Pero, paradójicamente, su aplicación en la Guerra Civil dio lugar a una autonomía de máximos. También era un Estatuto reducido territorialmente, pues no tuvo vigencia en casi toda Álava y casi toda Gipuzkoa, conquistada esta última por las tropas de Mola en agosto y septiembre de 1936. Por eso, sólo se aplicó en Bizkaia (sin Ondarroa), más pequeños enclaves en el norte de Álava (valles cantábricos) y en el oeste de Gipuzkoa (Eibar y Elgeta), durante nueve meses escasos, de octubre de 1936 a junio de 1937.
«La consecuencia fundamental del Estatuto fue la constitución del primer Gobierno vasco de la historia»
Y a raíz de su aprobación se configuró el Gobierno presidido por Aguirre.
La consecuencia fundamental del Estatuto fue la constitución del primer Gobierno vasco de la historia, de coalición entre el PNV y el Frente Popular, presidido por José Antonio Aguirre. Este diputado y líder carismático del PNV fue elegido lehendakari unánimemente por los concejales vascos que pudieron votar el 7 de octubre de 1936 y ese mismo día tomó posesión de su cargo en Gernika con un famoso juramento, religioso y nada constitucional, que han repetido sus sucesores con modificaciones: «Jaungoikoaren aurrean apalik, euzko-lur gañian zutunik, asabearen gomutaz, nere aginduba ondo betetzia Gernika'ko zusizpian zin dagit» (Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca, con el recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato). A continuación leyó la composición de su ejecutivo y su programa gubernamental (conocido como la declaración de Gernika), que había sido pactado previamente entre el PNV y los cinco partidos del Frente Popular de Euskadi.
¿Qué consecuencias tuvo ese hecho?
A partir de ese momento cambió la guerra en Euskadi, porque cambió la hegemonía política: se pasó de la hegemonía del Frente Popular en el verano de 1936 a la del PNV, de la hegemonía de las Juntas de Defensa de Bizkaia y Gipuzkoa a la del Gobierno vasco, en el que prevaleció el PNV. Esto se tradujo en un claro giro hacia la moderación en la etapa autonómica de la Guerra Civil en Euskadi.
¿Quiénes formaron ese Gobierno?
Casi todos los consejeros pertenecían a la denominada generación de 1936: nacidos en torno a 1900, accedieron a la vida política con la llegada de la II República en 1931 y fueron la generación de la República, la Guerra Civil y el exilio. Era un Gobierno bastante joven, con una media de edad de 38 años, siendo uno de los más jóvenes el propio lehendakari Aguirre, que sólo tenía 32 años cuando asumió la Presidencia del Gobierno vasco. En cuanto a su procedencia geográfica, todos eran vizcaínos o guipuzcoanos; no hubo ningún alavés ni navarro, ni nacido fuera del País Vasco. (Ver cuadro)
¿Y sus estatus sociales?
Profesionalmente, la mayoría pertenecía a las clases medias (varios eran abogados) y algunos (el consejero comunista y algún socialista) a las clases trabajadoras, siendo uno miembro de una importante familia aristocrática de Gipuzkoa: el nacionalista Monzón. Todos, salvo Astigarrabía, desempeñaron cargos públicos relevantes durante la República: seis fueron alcaldes o concejales, cinco diputados a Cortes, dos gobernadores civiles y dos diputados provinciales. Además, varios fueron dirigentes de sus partidos o sindicatos y la mayoría de ellos participaron en las Juntas de Defensa de Bizkaia y Gipuzkoa, gobiernos de hecho que constituyeron un antecedente inmediato del Gobierno de Aguirre: algunos ostentaron en éste la misma cartera que en las Juntas.
¿Qué características podríamos destacar de ese Gobierno?
En primer lugar, era provisional, para ganar la guerra, pero su provisionalidad duró diez años, porque no fue sustituido por Aguirre hasta 1946, estando en el exilio en Francia. En segundo lugar, era un Gobierno de coalición PNV/Frente Popular, de unidad vasca o de concentración nacional, si bien hubo dos fuerzas que no formaron parte de él: la CNT, por la negativa del PNV debido al mal recuerdo que guardaba de su actuación en Gipuzkoa, y el grupo escindido del PNV Euzkadi Mendigoizale Batza (EMB), heredero del semanario independentista Jagi-Jagi y cuyo portavoz en la guerra fue Patria Libre. Este grupo reducido no defendía la República española, sino un frente nacionalista vasco por la independencia de Euskadi, y criticaba al PNV y a ANV por su alianza con el Frente Popular. En tercer lugar, fue un Gobierno presidencialista por el carisma del lehendakari Aguirre y por su liderazgo, ejercido no sólo sobre los consejeros nacionalistas sino también sobre los no nacionalistas. Y, en cuarto lugar, el primer ejecutivo vasco fue en la práctica un Gobierno de clara hegemonía del PNV, pese a tener bastantes menos carteras que el Frente Popular, esto es, todo lo contrario de lo que había sucedido en el verano de 1936.
«Fue un Gobierno presidencialista por el carisma del lehendakari Aguirre»
¿Cómo fue el final de ese ‘Estado vasco'?
La rápida construcción de ese pequeño Estado vasco se hizo sobre todo en el medio año que transcurrió desde la formación del Gobierno de Aguirre hasta el inicio de la ofensiva del Ejército de Mola contra Bizkaia el último día de marzo de 1937. Fue factible gracias a la estabilización del frente de guerra entre Bizkaia y Gipuzkoa, coincidiendo con la aprobación del Estatuto el 1 de octubre de 1936, frente que se mantuvo intacto ese medio año, durante el cual las únicas acciones bélicas fueron el ataque fallido del Ejército vasco sobre Villarreal de Álava en diciembre de 1936 y la heroica batalla naval del cabo Matxitxako en Bizkaia el 5 de marzo de 1937. El fracaso de la conquista de Madrid llevó a Franco a cambiar de estrategia y a intentar liquidar el frente Norte, aislado de la mayor parte de la España republicana, comenzando por Bizkaia con el cruento bombardeo de Durango, realizado por la aviación legionaria italiana el 31 de marzo. Fue el anuncio de que el oasis vasco tocaba a su fin, porque el general Mola estaba dispuesto a cumplir su amenaza de arrasar Bizkaia si no se rendía el Gobierno vasco. Aun contando con una neta superioridad en artillería y sobre todo en aviación, el Ejército de Franco necesitó tres meses para conquistar una provincia pequeña como Bizkaia ante la resistencia tenaz que ofreció el Ejército vasco, ayudado por batallones santanderinos y asturianos. Tras romper el defectuoso cinturón de hierro construido en torno a su capital, las Brigadas de Navarra, con sus requetés carlistas, tomaron Bilbao el 19 de junio y al comienzo del mes de julio alcanzaron el límite con Cantabria. Entonces, al cabo de casi un año, la guerra acabó en el País Vasco militarmente y con ella desaparecieron el Concierto económico de Gipuzkoa y Bizkaia (abolido por Franco como castigo de guerra por decreto-ley de 23 de junio), el Estatuto de autonomía, que ni siquiera derogó al haber sido aprobado en plena guerra, y el efímero Estado denominado Euzkadi, que fue resultado de la alianza entre el socialismo de Prieto y el nacionalismo de Aguirre, según sentenció el falangista José María de Areilza, primer alcalde franquista de Bilbao, en su famoso discurso de julio de 1937.
Fotos: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.