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Félix M. Goñi

Los universalistas españoles del siglo XVIII

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2021/07/08

Félix M. Goñi
Félix M. Goñi. Argazkia: Mitxi. UPV/EHU.
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En 1767 Carlos III ordenó la expulsión de los jesuitas de las tierras de la Corona de España, “usando la suprema autoridad que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto a mi Corona”. Una buena proporción de los expulsados de la España peninsular acabaron refugiados en los Estados Pontificios. Allí coincidieron tres “expulsos”, como se les llamaba en la época: Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno, que pusieron en marcha una de las más grandes, y más injustamente olvidadas, epopeyas intelectuales hispánicas: lo que se ha dado en llamar la “Escuela Universalista Española”. El autor de estas líneas no tuvo conocimiento de la misma sino a través de una exposición montada en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense en 2017, con ocasión del bicentenario de la muerte de Juan Andrés. Posteriormente pudo el mismo pendolista obtener información más detallada en el excelente libro de Pedro Aullón de Haro “La Escuela Universalista Española del siglo XVIII” (Sequitur, Madrid, 2016).

Las hazañas intelectuales del trío antes señalado son literalmente asombrosas. Juan Andrés (1740-1817) construyó una Historia Universal Comparada de las Letras y de las Ciencias, ahí es nada. Lorenzo Hervás (1735-1809) hizo lo propio con la Lingüística, y Antonio Eximeno (1729-1808) propuso un concepto universal de la música como arte y como expresión. Estos representantes tardíos de la Ilustración aceptan de dicho movimiento el empirismo científico y la orientación historiográfica, pero se mantienen al margen de la Enciclopedia. El conjunto de su obra es, sencillamente, ciclópeo. ¿Qué ha sido de todo ello? Pues ha sufrido el mismo destino de los “novatores” valencianos, de las grandes contribuciones astronómicas de Jorge Juan, de la metalurgia de Alonso Barba, o de los avances médicos de los catalanes Gaspar Casal o Antoni Gimbernat, por no salirnos del XVIII: el olvido y la incuria. Si, al par de su modestia, la ciencia española no es víctima de una maldición peculiar, desde luego que lo parece. (Resulta milagroso que haya sobrevivido el recuerdo de los hermanos Elhuyar, si bien no con el relieve que merecen).

Y, sin embargo, los universalistas no pasaron desapercibidos para sus contemporáneos, particularmente en la América hispana. Cabe señalar, por seguir el hilo de nuestra historia, al botánico Antonio José de Cavanilles, precursor del ordenamiento de los recursos naturales y del desarrollo sostenible, a Francisco Javier Clavijero, iniciador del indigenismo mejicano, al chileno Juan Ignacio Molina, catedrático en Bolonia, y tantos otros. Pero destacaremos especialmente, por lo que enseguida se verá, al médico y botánico gaditano José Celestino Mutis, director de la Real Expedición Botánica al Reino de Nueva Granada (actuales Colombia, Venezuela, Ecuador…).

Vamos ahora a contemplar otro aspecto de la historia de la Ilustración, esta vez desde el punto de vista alemán, un movimiento guiado por el paradigma idealista y romántico de la filosofía de la naturaleza de Schelling y Goethe, que, en términos generales, entendía ésta como un Todo. En este ambiente se educó y vivió Alexander von Humboldt (1769-1859), hermano menor del lingüista y político Wilhelm. Alexander fue el arquetipo del polígrafo: geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador. Viajó por Europa, por las dos Américas, y por el Asia Central. Se le considera uno de los creadores de la Geografía Universal, representada en su monumental e inacabada obra ‘Kosmos’.

La conexión de Alexander von Humboldt con los universalistas españoles es, podríamos decir, de ida y vuelta.  Por una parte, Juan Andrés, en su obra enciclopédica, se refiere a Humboldt (con el que nunca se encontró) en numerosas ocasiones, sin escatimar elogios, como han mostrado los estudios de Rosario Martí Marco, de la Universidad de Alicante. Por otra, Humboldt tuvo intensa y fructuosa relación con uno de los más importantes universalistas, el citado José Celestino Mutis. Humboldt y Mutis se encontraron en [Santa Fe de] Bogotá, entonces capital de la Nueva Granada, en 1801. Humboldt se quedó sorprendido por el equipo de trabajo a las órdenes de Mutis: “Desde hace quince años trabajan a sus órdenes treinta pintores; él tiene de 2.000 a 3.000 dibujos en folio…”. (A. v. Humboldt “Del Orinoco al Amazonas”). Ambos científicos mantuvieron una nutrida correspondencia durante los años de vida de Mutis, fallecido en 1808.

Es evidente que la figura de Von Humboldt, universalista alemán, ha sido mejor tratada por la posteridad que las de los universalistas españoles. Sin embargo, Martí Marco, entre otros, ha iniciado una revisión de la valoración de la obra humboldtiana, con el reconocimiento de su deuda con los trabajos de Hervás, Mutis, Clavijero, Andrés y otros. ¿Cuánto de ‘Kosmos’, publicado cuando ya casi todos los universalistas españoles habían desaparecido, se debe a la influencia de éstos? Una revisión crítica como la que ahora está en marcha permitirá, sin disminuir un ápice la gloria de Humboldt, destacar con merecido relieve la obra de sus inspiradores españoles.