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Elisa Sainz de Murieta y María José Sanz
La cumbre del clima de Egipto: un acuerdo histórico y avances insuficientes
Profesora de la UPV/EHU e investigadora asociada de BC3* y directora Científica de BC3*, respectivamente
- Cathedra
Lehenengo argitaratze data: 2022/12/15
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La 27ª Conferencia de las Partes (COP27) de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático se celebró en la ciudad egipcia de Sharm El-Sheij entre el 6 y el 20 de noviembre de 2022, año en que la Convención Marco cumple su trigésimo aniversario. La segunda cumbre con mayor asistencia después de la COP26 en Glasgow reunía a más de 33.000 delegados en un contexto geopolítico muy complicado, marcado por la guerra de Ucrania, la crisis energética asociada y una situación económica difícil, a causa de los elevados niveles de inflación.
La presidencia egipcia de la COP27 marcó como objetivo de la cumbre “acelerar la acción climática mundial mediante la reducción de emisiones, la intensificación de los esfuerzos de adaptación y la mejora de los flujos de financiación”. Además, subrayaba la importancia de desarrollar una "transición justa", especialmente para los países más desfavorecidos.
¿Qué resultados positivos pueden destacarse de la COP27? Muchos denominaron a la conferencia “la COP para África”, y también “la Cumbre de la Adaptación”, y ése ha sido el ámbito en el que ha habido más avances. El logro más relevante ha sido la aprobación de un fondo para hacer frente a las pérdidas y daños, con el fin de ayudar a los países más vulnerables a responder a los impactos climáticos. El concepto de “pérdidas y daños” hace referencia a las consecuencias del cambio climático que no pueden evitarse a través de medidas de reducción de emisiones y adaptación; o cuando, pudiendo minimizarse o evitarse los impactos, no se dispone de los recursos necesarios para hacerlo. Los países más vulnerables han venido revindicando el apoyo para abordar las pérdidas y los daños derivados de los impactos del cambio climático desde el inicio de este proceso multilateral. Se habían producido algunos avances, en concreto, la creación de la Red de Santiago en la COP25 de Madrid, con el compromiso de trabajar en la respuesta a los daños irreversibles en el marco del Mecanismo de Pérdidas y Daños, aunque sin establecerse mecanismos de financiación específicos.
Con la creación de ese fondo, la adaptación ha tomado una gran relevancia. Todos los países están experimentando los efectos del cambio climático, aunque son los países en desarrollo, que menos han contribuido al cambio climático, los que están sufriendo sus impactos de forma desproporcionada. En 2022 se han registrado numerosos desastres, desde las olas de calor en India y Europa, a las terribles inundaciones de Pakistán, que han generado 3 millones de personas desplazadas y cuyos daños económicos se estima que podrían alcanzar 40.000 millones de dólares. Hasta ahora, los países industrializados se habían opuesto a la creación de un mecanismo de estas características por temor a asumir una responsabilidad formal por los daños causados por sus emisiones. Pero, en un contexto de impactos cada vez mayores, ha sido necesario atender la demanda de los países en desarrollo para la creación del fondo de pérdidas y daños. Aún queda mucho trabajo por delante para la operacionalización del mismo, pero sin duda se trata de un hito histórico en el marco de la Convención.
También ha habido avances en lo relativo a la definición del objetivo global para la adaptación: la presidencia de la COP impulsó la Agenda para la Adaptación de Sharm El-Sheij, un plan de acción que recoge objetivos específicos hasta 2030 y prevé movilizar entre 140.000 y 300.000 millones de dólares para la adaptación. Aunque el programa de trabajo establecido en la COP26 contemplaba inicialmente una duración de dos años, se ha producido un avance intermedio en el que se dan guías con el fin de establecer un marco para el objetivo global de la adaptación que deberá concluir en la COP28. Este avance intermedio no estaba previsto, inicialmente sólo se esperaba el reporte de los seminarios realizados a lo largo de 2022. La decisión de la COP27 reafirma la necesidad de un marco para el ciclo de la adaptación basado en la ciencia, tal y como lo concibe el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), a la par que reconoce la gran diversidad de necesidades a nivel local.
Otro de los resultados positivos de esa cumbre es el compromiso de reformar la arquitectura financiera internacional para dar respuesta a las crisis actuales. Ha habido llamamientos al respecto, entre los que destaca el de la presidenta de Barbados, Mia Mottley, y su iniciativa Bridgetown, una coalición global para adaptar el sistema financiero a la acción por el clima. La cumbre avanzó también en cuestiones técnicas, relacionadas con la transición justa, los marcos de transparencia, los planes de acción de género, o la importancia de las medidas basadas en la naturaleza. Se hace también referencia a la necesidad de reformar los organismos multilaterales de financiación. Pero esta cumbre finalizó también con deficiencias importantes, dado que no se han producido avances en la ambición de mitigación más allá de lo indicado en la COP26. El Acuerdo de París estableció el objetivo de mantener el aumento global de temperatura muy por debajo de los 2°C y hacer todos los esfuerzos necesarios para no superar el 1,5°C. No debemos olvidar que adaptación y mitigación (reducción de emisiones) son dos caras de la misma moneda: para mantener la temperatura en 1,5°C debemos reducir las emisiones globales de forma drástica, un 45 % en 2030, respecto a los niveles de 2010. De otro modo, los impactos del cambio climático y las necesidades de adaptación serán mayores y mucho más costosos, tal y como mostró el informe especial del IPCC en 2018. Y, aunque muchos países productores de petróleo y gas mostraron su apoyo a introducir una referencia al compromiso de eliminar el uso de combustibles fósiles, eso no fue posible por el bloqueo de unos pocos. No obstante, sí se puso énfasis en la necesidad de impulsar el despliegue de las energías renovables.
*Basque Centre for Climate Change (BC3)