euskaraespañol

Redes sociales campusa

Santiago de Pablo

Lehendakari en una etapa crucial

Catedrático de Historia Contemporánea

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2026/05/07

El catedrático Santiago de Pablo | Argazkia: Nuria González. EHU.
Artikulu hau jatorriz idatzitako hizkuntzan argitaratu da.

Aunque la historia no la hacen solo los líderes, hay personas cuyo protagonismo marca una época. Es lo que sucede en el caso vasco con el recientemente fallecido lehendakari Carlos Garaikoetxea Urriza. Su figura es imprescindible para entender la compleja Transición y la puesta en marcha del autogobierno vasco, tomando el relevo del Gobierno de Euskadi en el exilio tras una larga dictadura.

Nacido en Pamplona-Iruña en 1938, en 1977 fue elegido presidente del consejo nacional del Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV). Dos años después sustituyó al veterano dirigente socialista Ramón Rubial al frente del Consejo General Vasco, un organismo preautonómico provisional. Desde aquí fue clave en la negociación del Estatuto de Gernika, tratando directamente con el presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez, para llegar a un acuerdo que se preveía complicado. A lo largo del mes de julio de 1979, ambos se encerraron varios días en la Moncloa hasta altas horas de la madrugada para ir consensuando los artículos del Estatuto, de modo que llegaran ya ‘cocinados’ al Congreso de los Diputados. Los aspectos más complicados eran los Conciertos económicos, la televisión, la Seguridad Social, la enseñanza, el orden público y la justicia. Suárez también se negaba inicialmente a aceptar la disposición adicional prevista en el borrador. Según esta, la aprobación del Estatuto no implicaba la renuncia del pueblo vasco a los derechos que “le hubieran podido corresponder en virtud de su historia”.

Las negociaciones debían acelerarse, pues había un plazo legal ineludible para aprobar el Estatuto. Para complicar aún más la situación, en medio de este proceso falleció la madre de Garaikoetxea. Su relación personal con Suárez fue fundamental para desbloquear la negociación, que en más de una ocasión estuvo completamente colapsada. Por fin, ambos alcanzaron un acuerdo, que fue ratificado por la ponencia del Estatuto en las Cortes, al filo del plazo legal.

Unos meses después, el 25 de octubre de 1979, el electorado vasco aprobaba en referéndum el Estatuto de Gernika. El lehendakari ‘zaharra’ Jesús María Leizaola regresó del exilio, poniendo así fin a un paréntesis de más de cuarenta años. En marzo de 1980 tuvieron lugar las primeras elecciones al Parlamento vasco. El 9 de abril, Garaikoetxea fue elegido lehendakari, al frente de un Gobierno monocolor de EAJ-PNV. Más allá de su composición política, este primer ejecutivo vasco de la democracia contó con algunos consejeros de alto nivel, como Pedro Miguel Etxenike o Pedro Luis Uriarte. Durante su mandato, realizó una amplísima labor legislativa para poner en marcha lo previsto en el Estatuto. Entre los logros de esta etapa cabe destacar la recuperación del Concierto económico de Bizkaia y Gipuzkoa (1981), la primera promoción de la Ertzaintza o el inicio de las emisiones de Euskal Telebista (1982). De este modo, la autonomía fue abriéndose camino, dando a Euskadi un autogobierno sin precedentes en la historia, muy superior al obtenido en 1936, en plena Guerra Civil.

No fue tarea fácil, pues, a la vez que se buscaban edificios, personal, etc., comenzaron las discusiones sobre la aplicación de algunos preceptos estatutarios entre Madrid y Vitoria-Gasteiz, elegida sede de las instituciones vascas. Además, España sufría una grave crisis económica, eran los ‘años de plomo’ del terrorismo de ETA –con casi cien víctimas solo en 1980– y la violencia llenaba las calles de Euskadi. El 23 de febrero de 1981 se produjo el fallido golpe de Estado militar, con el teniente coronel Tejero irrumpiendo pistola en mano en el Congreso de los Diputados. Garaikoetxea siempre mantuvo una actitud contraria a la violencia y al terrorismo. La fotografía que muestra al lehendakari abrazando a la madre del capitán de Farmacia Alberto Martín Barrios, en la manifestación de protesta por su asesinato por ETA en octubre de 1983, es un símbolo de una época de dolor y sufrimiento.

Fueron años complicados, que es fácil juzgar desde la comodidad de nuestro hoy, pero que es preciso observar conociendo la complejidad del momento en que ocurrieron los hechos. La historia no estaba escrita y nadie sabía qué nivel de autogobierno vasco se iba a aceptar por el Gobierno español y por la mayoría de las Cortes, o si iba a triunfar la asonada militar. Con el paso del tiempo, el propio Garaikoetxea habló de una “Transición inacabada” en Euskadi, pero lo cierto es que, investigando esa etapa desde un punto de vista histórico, se concluye que las cosas se hicieron relativamente bien, dentro de las posibilidades del momento.

No quiero terminar sin un apunte personal. Uno de sus más estrechos colaboradores, Rafa Larreina, ha destacado “la personalidad humana del lehendakari Garaikoetxea, que era la base de toda su actuación pública”. Yo tuve la oportunidad de estar varias veces con Garaikoetxea, como ciudadano y como historiador, pero tampoco tenía un trato especialmente cercano con él. Por ello me sorprendió que, en 2001, cuando se enteró de que había fallecido mi padre, me llamara personalmente para darme el pésame, con unas palabras que eran más que puro protocolo. Me llamó la atención porque muchas veces pensamos que los altos cargos institucionales están ‘a otra cosa’. Pero es en los detalles pequeños donde se nota la grandeza de las personas.