Ander Gurrutxaga Abad

COVID-19: El Futuro es el Presente

Catedrático de Sociología

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2020/06/04

Ander Gurrutxaga Abad. Argazkia: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.
Artikulu hau jatorriz idatzitako hizkuntzan argitaratu da.

El 14 de marzo es una fecha histórica. Se decreta el confinamiento de la población para evitar la propagación del coronavirus y el colapso del sistema sanitario. Nadie contaba con ello: la COVID-19 no existe en las vidas de los ciudadanos. En menos de 24 horas todo cambia. Los acontecimientos se precipitan y más de cuarenta millones de personas, prácticamente la población española, excepto los trabajadores de los servicios básicos, se confinan en casa.

El proceso se caracteriza por los hechos siguientes: i) es un experimento; ii) afecta a la normalidad de la vida cotidiana; iii) se cierra el sistema productivo, excepto los sectores básicos; iv) se globaliza, ningún país del mundo se queda fuera; v) demuestra que las sociedades complejas son vulnerables; vi) la incertidumbre, la inseguridad y la desconfianza acompañan la expansión y la penetración del virus; vii) el miedo y el temor se propagan entre sectores sociales vulnerables; viii) el valor que ofrece el conocimiento científico; ix) se aporta información cualificada para evitar contagios: higiene de manos, no relacionar las manos con el rostro, distancia física entre personas, se barajan distintas medidas hasta llegar a la recomendación final: dos metros, prácticas de salud recomendando uso de mascarillas en espacios público, transportes colectivos y calle; x) se decretan medidas basadas en la prohibición de estar u ocupar espacios clásicos de sociabilidad: bares, restaurantes, conciertos, fútbol, cine, espectáculos; xi) se desaconsejan o prohíben fórmulas básicas de cortesía social basadas en el contacto físico y la cercanía personal: saludos con besos, abrazos o manos; xii) cierra el sistema productivo; xiii) se impide el tránsito por las fronteras; xiv) el encierro es la nueva norma de vida; y xv) el mundo global se cierra, el turismo no existe, aviones y aeropuertos están parados.

El resultado es que reformula reglas y normas sociales, crea el estado social de la distancia física, reinvierte la vida cotidiana, se desconocen muchas de las consecuencias que segrega esta crisis, el mundo es el sistema de incógnitas que se pregunta por el futuro, pero casi nadie responde, no está en manos de la ciencia el control del virus, el desarrollo y expansión. Los ciudadanos descubren los límites de la tecnología, se puede estar en todas partes, abrir el cielo de las relaciones, pero no suplanta a las relaciones directas, algunas aplicaciones y dispositivos técnicos o la telefonía móvil soportan la ficción de: “podemos estar juntos”. Se redescubre el valor de los servicios públicos. El resumen es: sin servicios públicos las sociedades se empobrecen. En los momentos que citan la “crisis del Estado”, de lo público y el retorno a lo privado se redescubre el valor del sistema institucional público.

La hipótesis es que las claves del Futuro están en el presente, las herramientas del tiempo postpandemia están ya aquí. El problema adicional es el siguiente: ¿hay alternativas experimentadas para promover otras formas de sociedad? La respuesta obliga a dos precisiones: i) hay que aprender a aprender; ii) hay que desaprender lo aprendido. El confinamiento es una estrategia de repliegue, como si el tiempo pudiera pararse esperando un nuevo aviso. ¿Cómo será el “nuevo” futuro? Lo primero que hay que decir es que nada está cerrado, el sistema de ecuaciones y las incógnitas necesitan cuidados y un alto grado de comprensión. Si alguien dice: tengo la solución, escúchesele en silencio con mirada irónica y sepa que nada es lo que parece.

¿Qué incógnitas dan sentido al “nuevo” mundo? Voy a citar algunas:

i) La reconstrucción de la vida cotidiana. La distancia física, las medidas sanitarias y las nuevas formas de relaciones personales redactan escenarios que pudieran reconstruir nuevas relaciones sociales que afecten a cómo vivir la vida de otra manera, pero el poder de aprender tiene limitaciones y condicionamientos.
ii) El futuro depende de la capacidad para restaurar la vida social en vecindarios, barrios y pueblos. La reconstrucción de formas de vida comunitarias son una de las posibles consecuencias del tiempo postpandemia. No se sabe si lo creado desde balcones y ventanas puede mantenerse o si la normalidad impondrá normas rutinarias conocidas, pero la cercanía y la preocupación por el otro pueden enfrentar la praxis de los cuidados y encarar la plaga de la soledad. Reconstruir espacios de encuentro interpersonal es la incógnita de la “nueva normalidad”. La formulación del dilema es clara: anonimato, lejanía, desconocimiento frente a conocimiento, cercanía o preocupación por los otros.
iii) La gestión de nosotros mismos y las relaciones con los otros configuran espacios democráticos y la cultura social bebe de la cultura política de lo público. Si eso funcionase, los refugios de la ciudadanía serían los otros.
iv) La economía del tiempo postpandemia está articulada por la cuarta revolución industrial. Las denominaciones laborales dan valor al talento y las referencias tipo son personas de elevada formación técnica y conocimiento científico, pero el nuevo tiempo redescubre otros problemas que ya estaban: el precariado, el desempleado tecnológico o los trabajadores genéricos. La pregunta es directa: ¿cómo construir el trabajo para los que se quedan fuera de la automatización?, ¿y para los que no pueden o no saben engancharse a las redes del reclutamiento que extienden la digitalización y la robotización? La sociedad laboral bebe del conocimiento tecnológico, pero los trabajadores genéricos se definen desde la distancia con la sociedad digital. Hay personas que no están inscritas en la cuarta revolución industrial, no disfrutan de la digitalización ni son contratados por empresas big tech. Viven la sociedad que radicaliza los efectos de la pandemia: se acabó la era del pleno empleo y la tradición fordista del trabajo. El empleo -excepto para los trabajos asociados a la función pública (funcionarios) y a los restos del naufragio de la sociedad industrial- “no existe”, hay que inventarlo. El resultado es que donde se constituye la sociedad big tech nace y se reproduce la sociedad auxiliar que sirve a la primera, plagada de empleos poco especializados, temporales, mal pagados y alejados del talento tecnológico. La desigualdad no desaparece, la fragmentación laboral y los empleos precarios tampoco y las nuevas turbulencias anuncian movimientos caóticos que veremos cómo se enfrentan. Es una de las incógnitas claves para hablar del futuro.
v) Otro tanto ocurre con la inserción laboral de las nuevas generaciones. Los sectores jóvenes de la sociedad no pueden quedarse al margen o vivir de ayudas públicas en cualesquiera de las múltiples periferias sociales. Se sabe que, sin empleos estables, sin salarios razonables o con expectativas sin oportunidades, los jóvenes pueden resultar uno de los grupos sociales más dañados por los efectos de la pandemia. “Llueve sobre mojado” porque en la corta travesía de diez años enfrentan dos crisis estructurales: la del periodo 2008-2012 y la de la COVID-19 (2020-…). Crear empleo es la tarea fundamental para dar sentido al futuro. Si falla la inserción laboral, las sociedades tienen menos futuro, se empobrecen y someten a estrés los mecanismos de integración social. Venimos de sociedades que firmaron el pacto social basándose en cinco componentes básicos: bienestar, calidad de vida, confianza, identidad y democracia. No cumplir con alguno de los compromisos significa desplazar los grupos perjudicados hacia las periferias sociales con márgenes estrechos para reconocerse, vincularse y legitimar la sociedad. Nadie desea ser un paria o un extraño en su propia tierra.
vi) La protección democrática de las sociedades se ata a realidades que tienen en cuenta: la redistribución de la riqueza; la movilidad social y la justicia distributiva mediante el sistema fiscal y el régimen impositivo. Sabemos que, en algunos casos, el patriotismo, el régimen fiscal y los impuestos tienen relaciones difíciles y poco diáfanas. Si eso ocurre la democracia se desarrolla con dificultades, se debilita y el sistema institucional corre peligro de resquebrajarse. Democracia, impuestos y redistribución de la renta son tres agentes primordiales que jalonan el día después.
vii) Los regímenes postCOVID-19 deben enfrentar situaciones sociales con dosis de miedo y el temor que moviliza la pandemia. Crear seguridad es la condición que depende de la confianza que las estructuras socioeconómicas, la cultura y la vida cotidiana transmiten a los ciudadanos. Se necesita pensamiento estratégico, estrategias y modos de hacer. Construirlas ayuda a discernir los resultados que aporta la matemática social o hundirse en la confusión lacerante donde el futuro se distingue por el no futuro, sabiendo que los interrogantes que expresan no son todos los interrogantes que hay que responder. Hay que explicar las mutaciones demográficas, el papel de las personas mayores, crear industrias para los cuidados y transformar la gestión de la soledad en uno de los vínculos de las estructuras comunitarias, las nuevas formas de la globalización, el poder totalizador de la tecnología, la mirada asiática, la singularidad de ser joven, las distorsiones de la democracia, el papel de las elites políticas y los discursos que sostiene lo que hoy es la política.

En el mundo postcoronavirus se dan cita defensores del cansancio de la democracia, creadores de crisis y los optimistas de la participación, pero no quedan claras las razones de los diagnósticos de cada cual. Parece que obedecen al narcisismo consentido del que cree que nunca le falta nada y que puede vivir alternando el síndrome del contrabandista, las razones de Peter Pan o la cultura de la queja. El cansancio de la democracia es el testimonio de los que creen que nunca tienen que vérselas con estadios reales de falta de democracia. Las sociedades ricas son “caprichosas” con quejas permanentes sobre lo logrado. No se mueven siguiendo la lógica de la errancia (Akira Mizubayashi, 2019) ni aceptan la resonancia (Hartmut. Rosa, 2019), al contrario, se revuelven frente al espíritu de la época y rechazan la incomodidad de la fatiga de materiales, aunque se sirven de ella cuando les conviene y ayudan a construir condicionamientos que emergen para moderar la exaltación democrática. ¿Este es el futuro? ¿Cómo se va a jugar?