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Encarnación Roda-Robles

Menos da una piedra: las materias primas críticas contradicen esa expresión

Departamento de Geología. Facultad de Ciencia y Tecnología

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2025/05/29

Encarnación Roda-Robles | Argazkia: Miguel Espiga. UPV/EHU.
Artikulu hau jatorriz idatzitako hizkuntzan argitaratu da.

En el momento en que los primeros seres humanos que habitaron nuestro planeta comenzaron a elaborar herramientas para su supervivencia valiéndose de fragmentos de sílex empezó nuestra dependencia de las rocas. A lo largo de la historia de la humanidad el uso de minerales y de los metales que estos contienen ha ido aumentando de forma exponencial. A la Edad de Piedra le siguió la Edad de los Metales (cobre, bronce y hierro). Posteriormente llegarían la Edad del Carbón, la Era del Petróleo, la Era Atómica o la Era Digital, en las cuales aún seguimos inmersos. Todas ellas están ligadas, algunas incluso en su denominación, a los materiales geológicos más utilizados durante cada uno de estos períodos.

Sin embargo, si bien nuestra vida siempre ha dependido de las rocas, en la actualidad cada ámbito de la sociedad necesita más que nunca de los minerales. Según la ‘Ley de materias primas críticas’ que publicó la Unión Europea (UE) en 2023, dichas materias “son indispensables para nuestra economía y un amplio conjunto de tecnologías necesarias para sectores estratégicos como las energías renovables, el sector digital, el sector aeroespacial y la defensa”.

La última lista de materiales considerados críticos por la UE incluye un total de 34. Todos ellos presentan tanto una notable importancia económica como un riesgo serio de suministro (bien por su escasez, bien por su concentración en unos pocos países). De ellos, 16 se consideran además estratégicos: bismuto, boro, cobalto, cobre, galio, germanio, litio, magnesio, manganeso, grafito, níquel, platinoides, tierras raras, silicio, titanio y wolframio.

La citada ley pretende garantizar el acceso de la UE a un suministro seguro y sostenible de materias primas fundamentales a fin de cumplir sus objetivos climáticos y digitales para 2030, ya que ese año al menos un 10 % del consumo anual de esos materiales se extraerá en la UE, el 25 % provendrá del reciclaje, y no más del 65 % procederá de un único tercer país.

Pero ¿dónde podemos obtener todos esos materiales? La realidad es que su localización depende de las características geológicas de cada territorio. Cada proceso geológico afecta de forma distinta a las rocas y a los elementos químicos que las constituyen. Así, en determinados enclaves algunos elementos se concentran y otros se empobrecen por acción de dichos procesos, de manera que si el enriquecimiento de uno o varios elementos químicos es suficientemente elevado (en volumen y concentración), constituirá lo que se conoce como yacimiento o depósito mineral. Por ejemplo, los grandes depósitos de cobre del oeste de Sudamérica se asocian a las cadenas de montañas y volcanes que constituyen los Andes, y que se han desarrollado gracias a la colisión de dos placas tectónicas, con la consiguiente subducción de una de ellas bajo la otra. En contraste, los importantes depósitos de diamantes o de cromo y platinoides que aparecen en Sudáfrica se relacionan con magmas que ascendieron hace millones de años desde el manto terrestre, a favor de profundas fracturas generadas entre dos placas tectónicas que se separaban.

Una importante consecuencia geopolítica de esa distribución heterogénea de los depósitos minerales es que no existe ningún país que pueda autoabastecerse de todas sus necesidades de materias primas. Por supuesto, cuanto más grande sea un territorio, más probable es que muestre mayor variedad de mineralizaciones. El mejor ejemplo de ello es China y, en menor medida, Rusia, Canadá, India o Australia.

Europa también presenta una importante variedad de ambientes geológicos y, con ello, de yacimientos minerales, incluyendo en mayor o menor medida aquellos que aparecen en el listado de elementos críticos para la UE. Tal es el caso del litio, fundamental, entre otros aspectos, para la transición a una movilidad libre de CO2, y que se presenta en concentraciones importantes en más de 15 países europeos, incluyendo España.

Los depósitos de tierras raras, también necesarios para la transición energética y que entre otras muchas aplicaciones incluyen la industria electrónica, armamentística, telecomunicaciones y el sector del automóvil, son claramente menos abundantes y su distribución está más localizada. Los mayores depósitos de tierras raras se encuentran en China, y también hay importantes concentraciones en Groenlandia, Australia y Turquía. En el caso del continente europeo, los yacimientos de tierras raras más notables se encuentran en los países nórdicos. Concentraciones menores pero susceptibles de explotación aparecen en otras regiones incluyendo de nuevo España.

Sin embargo, a pesar de la enorme dependencia que presenta Europa de esas materias primas críticas, su explotación está muy restringida en todo nuestro territorio. Un claro ejemplo es el litio que, a pesar de las grandes reservas de nuestro continente, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos solamente un 0,7 % de la producción mundial proviene de la UE, concretamente de Portugal. En cuanto a las tierras raras, en estos momentos no hay ninguna explotación en Europa.

En el conocido como Norte Global, en el que está incluida la UE, la minería para la extracción de esos materiales críticos se enfrenta a una enorme oposición social.

Por ello, los materiales necesarios para continuar con nuestra forma de vida provienen, en gran medida, de otros países donde las condiciones de seguridad de los trabajadores y el respeto al medio ambiente no siempre son los más adecuados. Esa situación ha de hacernos reflexionar sobre la necesidad de combinar una minería más cercana, que sea respetuosa con el medio ambiente y garantista con las condiciones de seguridad de sus trabajadores, con una mayor tasa de reciclaje de las materias primas minerales, y con una mejor educación de la sociedad para tratar de reducir el consumo de todo tipo de productos. En cualquier caso, resulta evidente que el dicho “menos da una piedra” carece de cualquier fundamento ya de que de ellas dependemos para nuestra supervivencia.