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Zuriñe Serradilla Hernáez

¿Necesitas vacaciones?

Licenciada en Psicología por la UPV/EHU y directora del Centro ‘Terapias en la Nube'

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2016/07/29

Zuriñe Serradilla Hernáez

Artikulu hau jatorriz idatzitako hizkuntzan argitaratu da.

Es una pregunta que, formulada individualmente de forma inocente y a pie de calle, contestaríamos rápida y afirmativamente casi en cualquier momento, a cualquier edad y sin importar demasiado la ocupación, pero si nos lo cuestionáramos, como seres humanos o como sociedad, podríamos encontrarnos con un dardo maravillosamente envenenado.

Así, si entendemos que todas las personas estamos influidas por un componente biológico, otro socio-cultural y económico, y en tercer lugar también por un componente psicológico, podemos preguntarnos si tener vacaciones responde o no a las demandas derivadas de uno o más de estos componentes.

Vacaciones como necesidad biológica

Ritmos biológicos: nuestro cuerpo no es algo estático sino que se mantiene vivo gracias a diferentes fluctuaciones en distintos lapsos de tiempo: inspiración-espiración, sueño-vigilia, ovulación-menstruación… y no es algo exclusivo del cuerpo humano, también en el reino vegetal y en otras especies animales podemos ver ciclos sexuales, migratorios o de hibernación estacional, que muestran cambios de actividad-reposo como ritmos biológicos circanuales.

Cerebro: el órgano encargado de recibir la información que viene de otros órganos y transformarla tiene un coste del 60% de la energía de la que disponemos si está en reposo. Si se encuentra activo en alguna tarea, este porcentaje se ve incrementado. Paradójicamente, nuestro cerebro es más creativo en reposo que cuando lo mantenemos ocupado, ya que le permitimos que elabore sin distracciones aquellas imágenes, interpretaciones y conexiones que tanta falta nos hacen para relacionarnos con el mundo.

Vacaciones como necesidad psicológica

Estrés: una cantidad de esfuerzo percibido como moderado, durante un periodo de tiempo asumible para la persona, la llevará a estar motivada para la ocupación que esté desempeñando, pero cuando ese esfuerzo y/o tiempo supera lo que considera que puede sostener, la motivación (eustrés) se convierte en estrés (distrés). Si además de generar distrés, por sus características intrínsecas, el entorno físico, organizativo o de relaciones humanas de esa ocupación, no favorece su desarrollo, podemos estar ante una situación de Burnout.

Autoestima: el propio concepto es cambiante durante nuestra vida, viéndose afectado por nuestras experiencias, relaciones e interpretaciones que hacemos de todo ello. Por tanto, la simpatía o el afecto que le tengamos a ese autoconcepto (autoestima) también varía, algo que contribuye a continuar modificándolo. Experiencias y relaciones que permiten que incrementemos ese afecto o simpatía por nosotras mismas estarán favoreciendo la aparición de nuevas experiencias y relaciones cada vez más placenteras y más coherentes con una interpretación más satisfactoria de lo que somos.

Vacaciones como necesidad socio-económica-cultural

Capitalismo: el origen de las vacaciones anuales remuneradas se puede fechar en 1872 en Inglaterra donde los campesinos hartos de trabajar interminables jornadas diarias, ser sustituidos por máquinas convirtiéndose en obreros industriales y soportar repartos muy desiguales de los beneficios obtenidos se levantan consiguiendo este nuevo derecho entre otros. El descanso semanal ya era un derecho conquistado por la religión, en algunos casos sería sábado y en otros domingo según la fe mayoritaria.

Turismo: el capitalismo implica generar cada vez un mayor beneficio o "crecer". Sostener las vacaciones anuales de las personas que producen esos beneficios supondría no sólo detener la producción, sino además perder parte de los beneficios acumulados. Gracias al turismo esas personas reinvierten sus propios beneficios acumulados por su deseo y voluntad de tal forma que se mantiene en positivo ese crecimiento sin perder ni producción ni crecimiento.

¿Cómo sé que mis vacaciones satisfacen mis necesidades?

Suponiendo que estos componentes biológicos, psicológicos o socio-económicos se pudieran contemplar de forma independiente entre sí y para cada persona, para saber si las vacaciones elegidas se ajustan con las propias necesidades podrían responderse las siguientes cuestiones:
¿Reinvierto mis beneficios acumulados en paquetes turísticos?
¿Genero experiencias placenteras nuevas y adaptadas a mí?
¿Respeto mis ritmos biológicos y períodos de no actividad?
Hacerlo de forma aislada puede llevar a incoherencias entre los distintos componentes visto desde una perspectiva individual; incompatibilidades que también se han hecho patentes para el sistema socio-económico actual: una persona que descubre que necesita aburrirse para estar biológicamente equilibrada, que no necesita tantas actividades o hacerlas tan lejos para sentirse psicológicamente mejor, está dejando de reinvertir sus beneficios, peligro que ya se creía sofocado gracias a la concesión de las vacaciones remuneradas anuales y al turismo como nueva pieza del circuito cerrado.

Claro que si en lugar de consumir vacaciones se consumen experiencias, en lugar de consumir un refresco se consume felicidad, si al limpiarte con una servilleta ésta te invita a emprender en el éxito apelando a  tu motivación… el componente socio-económico parece dejar de ser incoherente con las necesidades psicológicas y biológicas gracias al marketing actual masivo, nueva estrategia del circuito cerrado del capitalismo.

Afortunadamente, las vacaciones pueden ser una magnífica oportunidad para atender las auténticas necesidades bio-psico-sociales como un todo, sea cual sea la ocupación o edad, y sin caer en esa vacía seducción, permitiendo que el cerebro sea creativo, recuperando el control a nivel individual y socio-económico con un contragolpe muy simple pero muy poderoso: el aburrimiento.

Pero, ¿sabremos aburrirnos o  habremos perdido ya esa capacidad?

 

Argazkiak: UPV/EHU