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Carlos Martín Beristain
Una ciencia con conciencia para el Sáhara
Médico, psicólogo y profesor en el Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional
- Cathedra
Lehenengo argitaratze data: 2016/10/21
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El trabajo de documentación de violaciones de derechos humanos constituye una forma de ayudar a convertir el sufrimiento de la gente en un espacio de reconocimiento y de denuncia para la prevención. Pero la investigación de los casos tiene que ir de la mano también del acompañamiento a las víctimas. No solo hablamos de tipos de hechos que atentan contra la vida o la dignidad humana, o estadísticas de violaciones que muestran el sufrimiento, sino de personas o pueblos que tienen rostro y dignidad.
En el caso del Sáhara, empezamos ese trabajo de documentar los casos de violaciones graves de derechos humanos y escuchar a las víctimas saharauis hace cinco años, con un proyecto de investigación apoyado por algunas instituciones públicas vascas. El saharaui es un pequeño pueblo partido en tres, el de los campamentos de Tinduf en el exilio de Argelia, el del Sahara Occidental ocupado por Marruecos, y el del éxodo a otros países en Europa para buscar otras oportunidades de vida. De ese trabajo han nacido varios informes.
El problema central en el caso del conflicto del Sáhara es el olvido. Y la investigación de memoria histórica y violaciones de derechos humanos actuales es una herramienta para visibilizar lo que no quiere verse, o lo que sistemáticamente es negado o utilizado políticamente. También es difícil acceder a las víctimas en contextos precarios y, en algún caso, peligrosos. ‘El Oasis de la Memoria', se basa en 261 casos de víctimas de bombardeos de población civil, desaparición forzada, tortura, violencia sexual, entre otras. Esa es la primera investigación amplia que documenta un número significativo de casos, ocurridos entre 1975 y 2010, y da una idea de por qué un enfoque de derechos humanos es clave para buscar una salida política al conflicto. No se trata solo de documentar con rigor, sino de convertir la investigación en propuestas de acción que ayuden a ver el conflicto desde otra perspectiva.
Como parte de ese trabajo, en 2013 un equipo de Hegoa, Instituto de Investigación sobre Desarrollo y Cooperación Internacional de la UPV/EHU, y de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, coordinado conjuntamente con el doctor Francisco Etxeberria y con la ayuda de la asociación de familiares de desaparecidos AFAPREDESA, logramos descubrir dos fosas comunes, con los primeros ocho desaparecidos identificados de la historia del conflicto saharaui, dos de ellos niños de 14 años, con disparos típicos de ejecuciones extrajudiciales. Sobre ese trabajo publicamos un informe, ‘Meheris: la esperanza posible', con todo el proceso documentado y las identificaciones llevadas a cabo por el laboratorio Biomics de la UPV/EHU. Las fosas son hechos irrefutables. Los muertos hablan de lo que les pasó, si hay alguien que sabe escucharlos. Y mostraron que la información dada por Marruecos sobre esos desaparecidos no era cierta, porque en 2010 dijo que fueron llevados a un cuartel, donde habrían fallecido, y de uno de ellos que había muerto en un enfrentamiento con el Polisario. Esas pruebas y los familiares todavía esperan una respuesta de las autoridades de Marruecos.
En otros casos, las pruebas no pueden tocarse como un hueso, pero muestran otras formas de heridas. En medio del inicio de la guerra, el 19 de febrero de 1976, la aviación marroquí llevó a cabo bombardeos contra campamentos de civiles que se desplazaron al desierto en Um Dreiga para protegerse. Tras esos bombardeos nació el éxodo en los campos de refugiados que llegan hasta hoy en día. La mayor prueba de ese bombardeo es que de los cinco campamentos de refugiados cuatro se encuentran cercanos entre sí; sin embargo uno de ellos está a cuatro horas en vehículo. Una mujer sobreviviente que entrevistábamos nos dio la respuesta: cuando, tras los bombardeos, las víctimas llegaban a la zona de Tinduf, donde había una base militar argelina, estaban aterrorizados y tenían ataques de pánico cuando escuchaban los aviones argelinos. La decisión fue alejarlas todo lo posible para que no escucharan los aviones. Es decir, era la primera medida de salud mental para todo un pueblo, y también el dato invisible más duro que muestra el impacto de los bombardeos.
Después recogimos los nombres de los muertos, muchos de ellos de las mismas familias, todos civiles, la mayoría ancianos, mujeres, niñas y niños. Esa lista de las víctimas es también otra prueba. Sus nombres merecen estar recogidos en algún lugar, como parte de esa memoria. En otra investigación, Los otros vuelos de la muerte, investigamos casos de heridos con secuelas físicas, incluyendo sus historias clínicas, que demuestran esos impactos. Las heridas en el cuerpo son también las marcas de la memoria de los bombardeos, nunca investigados ni admitidos por Marruecos. Estos son ejemplos de cómo el trabajo científico puede ayudar a documentar casos de violaciones de derechos humanos, pero también esclarecer conflictos.
Las condiciones para el trabajo de las organizaciones de víctimas y de derechos humanos son muy precarias en el Sáhara. Por eso es muy importante que la memoria ayude no solo a documentar lo vivido sino a su fortalecimiento. Cuando empezamos a tomar testimonios, algunas víctimas nos dijeron: ¿va a servir para algo? Hablar duele porque, como dice Eduardo Galeano, recordar es volver a pasar por el corazón, pero también puede tener el profundo sentido de hacer algo positivo con ese sufrimiento. Como me dijeron muchas veces los familiares de desaparecidos en Colombia: "que tanto dolor no sea inútil". En este caso, esas investigaciones fueron consideradas como pruebas determinantes por el juzgado de la Audiencia Nacional en Madrid para acusar a 12 altos cargos militares o civiles del régimen marroquí de ser responsables de crímenes contra los derechos humanos. Es la primera reacción de la justicia española, frente a víctimas saharauis que en 1975-76 eran ciudadanos españoles, como muestran los dos DNI, iguales a los nuestros, de la época que encontramos junto a los restos óseos en esas fosas, 38 años después de los hechos.
En numerosos países, se han puesto en marcha medidas para hacer frente a las violaciones de derechos humanos cometidas. Una de ellas es una Comisión de la Verdad. La verdad ha sido una herramienta transformadora en países como Chile, Argentina o Guatemala. Aún con sus muchas dificultades. Y quienes las han empujado han sido la mayor parte de las veces las organizaciones de víctimas y de derechos humanos. Nuestras investigaciones proponen medidas como la verdad, el reconocimiento, la búsqueda de los desaparecidos, la justicia y la reparación como herramientas transformadoras del conflicto, que pueden ayudar a buscar una salida política definitiva. Y ese es el único camino posible para el Sáhara, aunque trate de bloquearse. El escritor británico John Berger dice en uno de sus libros que todas las formas de represión utilizan el control del tiempo. Aplicar la desesperación es la peor estrategia para cualquier conflicto, para el tiempo de hoy y el de las generaciones futuras.
Fotos: UPV/EHU