Idoia Labayen Goñi
Impacto en la salud de los impuestos a las bebidas azucaradas
Profesora de Nutrición y Bromatología, y directora del Grupo de Investigación ELIKOS
- Cathedra
Lehenengo argitaratze data: 2017/01/27
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En fechas recientes, el Ministerio de Hacienda del Gobierno de España proponía un nuevo gravamen que afectaría a las bebidas azucaradas, junto con impuestos adicionales a las bebidas alcohólicas y el tabaco. La imposición sobre estos productos trataría de reducir los efectos negativos que su consumo provoca no sólo en quienes los consumen, sino también en el resto de los ciudadanos como consecuencia del coste sanitario y social que producen. Esta propuesta ya ha sido adoptada por algunos países como Francia, Reino Unido, Bélgica o Finlandia, y está en estudio en otros países de nuestro entorno. Al margen de consideraciones puramente económicas o de las protestas y quejas planteadas por la industria del sector, la medida podría ayudar a que el consumidor perciba las bebidas azucaradas como productos nocivos para su salud. En este contexto, han surgido una serie de cuestiones en el debate público: ¿Es elevado el consumo de estos productos en nuestro entorno? ¿Hay evidencia científica que relacione el consumo de azúcar y bebidas azucaradas con la morbi-mortalidad? ¿Existen recomendaciones científicas en relación con la reducción del consumo de azúcar y bebidas azucaradas? Y, finalmente, ¿es ésta una medida eficaz para mejorar la salud de la población?
El azúcar es barato, tiene un sabor atractivo y, de alguna manera, "adictivo", por lo que ayuda a vender productos. En los últimos 50 años el consumo de azúcar se ha multiplicado en todo el mundo. Hoy en día, la práctica totalidad de los productos procesados contiene azúcares añadidos, como fructosa, sacarosa o jarabe de maíz muy rico en fructosa, limitando la capacidad de elección del consumidor. Además, en muchas ocasiones, son difíciles de identificar en la lista de ingredientes por el consumidor medio. Se estima que la energía procedente de los azúcares añadidos a los alimentos procesados supone alrededor de 500 kilocalorías al día. En España, los azúcares suponen alrededor del 20% de la ingesta energética total. En concreto, el consumo de bebidas refrescantes en España se ha incrementado el 6,7% en la última década llegando a 44,6 litros al año, de media. En la población infantil en particular, el aumento del consumo de bebidas azucaradas, así como el de azúcares añadidos a otros productos, ha sufrido un aumento dramático en las últimas dos décadas.
La evidencia científica muestra que el consumo de bebidas azucaradas incrementa el riesgo de morbilidad y mortalidad por obesidad, diabetes tipo 2, esteatosis hepática no alcohólica, síndrome metabólico y enfermedad cardiovascular. Esta relación va más allá del simple aumento de la ingesta energética. En este sentido, estudios epidemiológicos y ensayos clínico-nutricionales han mostrado los efectos nocivos de las bebidas azucaradas y de la fructosa en la salud. Los efectos tóxicos de la fructosa en el hígado son comparables a los del alcohol. Además, también actúa sobre el cerebro y sobre hormonas involucradas en la regulación del apetito, induciendo a comer. La contribución de los azúcares añadidos y, especialmente, de las bebidas azucaradas y fructosa, a la epidemia de obesidad y al incremento de la prevalencia de esteatosis hepática no-alcohólica en la infancia se ha mostrado en multitud de trabajos. Un reciente meta-análisis concluía que los niños con mayores ingestas de bebidas azucaradas tenían un 55% más de riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad que los que tenían un bajo consumo de estos productos. Además, la asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso y el riesgo de diabetes tipo 2 parece ser dosis-dependiente. Por otro lado, el exceso de adiposidad exacerba los efectos de los azúcares en el metabolismo durante el crecimiento y el desarrollo; por lo tanto, la reducción del consumo de bebidas azucaradas y de azúcares añadidos debe ser uno de los objetivos fundamentales de los programas de prevención y tratamiento de los niños con sobrepeso u obesidad.
La población infantil crece en un entorno nutricional más dulce que nunca. La ingesta media de azúcares está muy por encima de las recomendaciones nutricionales. Las sociedades científicas y organizaciones de salud pública recomiendan la adopción de medidas destinadas a la reducción de su consumo. Una de estas medidas es el establecimiento de gravámenes (≈20%). El fuerte aumento de los impuestos sobre el tabaco es la medida más importante de que disponen los países para reducir su consumo y mejorar la salud de sus poblaciones, por lo que cabría esperar que también fuera eficaz en el caso de las bebidas azucaradas. La Organización Mundial de la Salud, en su informe del año 2016, incluyó entre sus recomendaciones para acabar con la obesidad infantil el establecimiento de un impuesto eficaz sobre las bebidas azucaradas. Dado que la medida ha sido adoptada muy recientemente y en muy pocos países, es todavía difícil examinar su eficacia en la mejora de la salud de las poblaciones. Con los pocos datos disponibles, podemos afirmar que el aumento en los impuestos da lugar a una reducción del consumo (por ejemplo, en México se redujo un 9% en un año) y a una menor ingesta energética, aunque sus efectos en la reducción de la obesidad no son todavía concluyentes.
Las medidas destinadas a la reducción del consumo de bebidas azucaradas deberían incluir no sólo el establecimiento de gravámenes, sino también la protección de los entornos donde se reúnen los niños, que deben estar libres de toda promoción de alimentos no saludables, o la regulación de la publicidad dirigida a los niños. Además, la recaudación debería destinarse a la adopción de otras estrategias igual de importantes de promoción de la salud y prevención de la obesidad y sus comorbilidades, que ayudaran a aumentar los niveles de actividad física o la reducción del sedentarismo. Finalmente, aunque los efectos directos de las bebidas azucaradas sobre la salud están bien establecidos, no se puede olvidar que el incremento del consumo de azúcares añadidos no se debe exclusivamente a estos productos.
Fotos: Nuria González. UPV/EHU.