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Juan Manuel Madariaga

¿Deben ir la ciencia y el arte de la mano?

Catedrático de Química Analítica y director del Grupo Consolidado IBeA

  • Cathedra

Lehenengo argitaratze data: 2017/06/02

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La práctica habitual de los trabajos de limpieza, restauración o rehabilitación de elementos pertenecientes al patrimonio cultural, tanto muebles como inmueble, que se hacían hasta hace relativamente pocos años no tenían en cuenta la posibilidad del diagnóstico científico. Se sustentaban en la experiencia del profesional de la restauración y en el uso de procedimientos basados en la metodología de prueba y error, al carecer en muchas ocasiones de documentación sobre el objeto en tratamiento.

Esta situación empezó a cambiar en la década de los noventa del siglo pasado, cuando varios grupos de investigación europeos se acercaron al arte (al patrimonio en general) con sus métodos científicos, empezando simplemente por la caracterización de los materiales. Es decir, verificando con métodos de análisis y caracterización física y/o química si una obra tenía los materiales (pigmentos, aglutinantes, soportes, etc.) que la documentación histórica aportaba. Aquellos primeros trabajos demostraron cómo era posible usar los procedimientos científicos sobre unas muestras tan delicadas y preciosas como las contenidas en las obras de arte para caracterizar de qué materiales estaban compuestas. Pero sistemáticamente se encontró que, además de los materiales que debían estar presentes, aparecían una serie de compuestos químicos no esperados. Lo que produjo una serie de preguntas, sin respuesta por aquel entonces, que abrieron toda una nueva temática de investigación.

En pocos años apareció la necesidad de usar métodos no invasivos, ya que no era sencillo acceder a muestras, por muy pequeñas que fuesen, extraídas mecánicamente de las obras de arte. Además, se demandaba que estos métodos fueran desarrollados in situ, es decir, llevando los instrumentos a las obras para evitar el muestreo físico de las mismas. Ambos hechos calaron en las empresas de instrumentación científica y, al inicio de este siglo, comenzaron a aparecer instrumentos trasportables fuera de los laboratorios (no llegaban todavía a ser portátiles), con unas prestaciones similares a las que tenían los instrumentos equivalentes de laboratorio de los años ochenta del siglo XX.

Era clara la existencia de un mercado porque en esta segunda década del siglo XXI se empezaron a comercializar instrumentos portátiles de altas prestaciones, junto con instrumentos de mano que tenían prestaciones similares a los instrumentos usados en los laboratorios docentes, los de gama media-baja. El acceso a esta nueva gama de instrumentación, para hacer medidas sobre el terreno, supuso un incremento en el número de grupos de investigación que se iniciaron en el estudio de diferentes aspectos científicos relacionados con el patrimonio cultural. Así lo atestiguan dos congresos internacionales, que se celebran cada dos años: el Congreso sobre Técnicas Analíticas No Destructivas en Patrimonio Cultural (Technart), que se inició en 2007, y el Congreso Raman en Arte y Arqueología (RAA), que se inició en 2001. Ambos han experimentado un incremento sistemático de participantes edición tras edición.

Además empezaron a ser naturales las relaciones entre algunos restauradores y algunos científicos, lo que provocó un aumento considerable de los trabajos desarrollados entre ambos colectivos. Los científicos italianos marcaron un estilo y los investigadores formados con ellos empezaron a ser contratados no solo en las universidades sino también en museos europeos y americanos. Italia tiene en este momento un grado que no existe en otros países: Ciencias de la Restauración, en el que el componente científico ocupa más espacio de aprendizaje que el componente de métodos y procedimientos de la práctica diaria de un restaurador.

Nosotros fuimos de ese grupo de científicos afortunados, ya que el inicio de este siglo coincidió también con el inicio de nuestros trabajos en colaboración con profesores del área de Restauración de la Facultad de Bellas Artes, descubriendo un mundo de nuevas posibilidades con un atractivo incuestionable. En el año 2003 incorporamos nuestro primer instrumento portable y en 2004 presentamos nuestra primera tesis doctoral sobre caracterización de pigmentos en papeles pintados históricos usando técnicas espectroscópicas. Desde entonces hemos ido dotando a nuestro laboratorio de un conjunto de técnicas analíticas que permiten ejecutar análisis no invasivos tanto en el sitio (museos, iglesias, edificios históricos, etc.) como en el laboratorio. Hoy en día, el volumen de trabajos que hemos desarrollado, los contactos que tenemos en activo y las expectativas de futuro nos indican que la apuesta efectuada en su día fue acertada.

Sí, estoy firmemente convencido de que la Ciencia y Al arte deben ir de la mano. Ciencia en su sentido más general, que engloba las determinaciones analíticas, el conocimiento de materiales, el conocimiento de los impactos ambientales sobre ellos, el diagnóstico científico de las causas del envejecimiento natural y del deterioro por estar la obra en el entorno en que se halla, la capacidad de desarrollar nuevos procesos aplicados a la conservación, etc. Y Arte también en su sentido más amplio, no sólo los objetos movibles sino los grandes elementos como edificios históricos, cuevas, yacimientos arqueológicos, murales sobre fachadas, esculturas en espacios públicos, etc. Este es el reto que tenemos por delante.

 

Fotos: Mikel Mtz. de Trespuentes. UPV/EHU.