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Caso Susan Jaeger. El primer perfilado criminal de la Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI

El perfilado criminal no es un arte. Es una técnica.

Desde que fue concebida por el FBI, la técnica del perfilado criminal ha estado sometida a fundamentadas críticas que han apreciado en este procedimiento de investigación policial una línea algo difusa entre lo que debe ser una técnica sometida al método científico y un procedimiento que se apoya excesivamente en una supuesta habilidad del perfilador para “meterse en la mente del criminal”. De hecho, esta competencia de analizar el crimen desde la mente del criminal, tan cinematográfica, – y de la que algunos supuestos especialistas presumen sin rubor con fotos muy “noir” en sus perfiles de redes sociales, – no ha hecho más que enfangar los esfuerzos de dotar a esta técnica del rigor que exige cualquier procedimiento de investigación. Pero aplacemos por el momento la discusión sobre esta cuestión para traer a estas líneas el relato de lo que fue la “casilla de salida” del perfilado criminal que, por primera vez, fue puesto en práctica por el FBI con motivo del interesante y dramático caso de Susan Jaeger. Esta es la cronología de los hechos:

Caso Susan Jaeger

25 de junio 1973. Susan Jaeger, de 7 años, fue secuestrada en plena noche mientras acampaba con su familia en un camping de Montana (EE.UU.).

28 de junio de 1973. Un hombre llamó a una de las oficinas del FBI afirmando que había secuestrado a la niña y exigiendo 25.000 dólares de rescate.

2 de julio de 1973. El ayudante del sheriff del condado de Gallatin, Ron Brown, recibió una llamada del mismo hombre y en los mismos términos, pero esta vez, el secuestrador exigía 50.000 dólares. Para avalar su chantaje, describió el aspecto de Susan, indicando una marca de nacimiento en la uña del dedo índice que fue, efectivamente, confirmado por sus padres. La policía accedió a pagar el rescate en un intento de detener al autor, pero la operación no tuvo éxito, ya que nadie acudió al punto de entrega.

24 de septiembre de 1973. Esta vez el secuestrador llamó a la casa de la familia Jaeger y habló con el hermano mayor de Susan, Daniel, de 16 años. Para entonces, ya se había intervenido el teléfono de la familia de forma que esta conversación quedó grabada. Tras examinarla, el FBI consiguió rastrear al autor de la llamada hasta una gasolinera de Cheyenne (Wyoming). Sin embargo, no pudieron detener a ningún sospechoso y el caso permaneció inactivo durante varios meses sin que el secuestrador volviera a dar señales de vida.

25 de junio de 1974. Exactamente un año después de la desaparición de Susan, el secuestrador volvió a llamar a los Jaeger. Durante aproximadamente una hora, habló con la madre de la niña, Marietta, conversación en la que acabó reconociendo que no podría devolverle a la niña. Unos días más tarde, un residente de Three Forks se puso en contacto con las autoridades. Este ciudadano denunció una factura por una llamada telefónica realizada el 25 de junio, que él no había efectuado. Al rastrear sus cables telefónicos, la policía encontró un dispositivo para puentear la línea que sospecharon que el secuestrador de Susan Jaeger había utilizado para realizar la llamada a la madre. A partir de esta información, dos agentes del FBI, que habían estado trabajando en el perfeccionamiento de la nueva técnica de análisis criminal, Howard Teten y Patrick Mullany, elaboraron un perfil psicológico del secuestrador. Como resultado del mismo, concluyeron que este individuo era un hombre blanco de entre 25 y 30 años, probablemente residente en la zona, con antecedentes en el sector de las telecomunicaciones, y con problemas para relacionarse con los demás, probablemente en un contexto de marginación social.

En el curso de la investigación, la policía barajó varios sospechosos, pero todos los indicios apuntaban a un tipo llamado David Meirhofer.

Agosto de 1974. Meirhofer fue detenido y llevado a comisaría para ser interrogado. Sin embargo, afirmó que él no era responsable del secuestro de Susan Jaeger. Para demostrar su inocencia, aceptó ser interrogado bajo los efectos pentathol sódico (conocido como “suero de la verdad”) y a la prueba del polígrafo, pero los resultados no fueron concluyentes. Al carecer de pruebas sólidas para detenerlo, sin ninguna evidencia directa, las autoridades acabaron poniendo en libertad a Meirhofer. La madre de Susan, con una indignación difícilmente soportable, se careó directamente en plena calle con Meirhofer en varias ocasiones, acusándole de haber matado a su hija e instándole a confesar.

24 de septiembre de 1974. Un individuo, presentándose como “Travis”, volvió a llamar a la familia, declarando airadamente que nunca volverían a ver a su hija con vida debido a su cooperación con la policía. Marietta, sin embargo, le reconoció la voz y se dirigió a Meirhofer por su nombre “David”, lo que provocó que éste cortara la llamada. Afortunadamente, esta conversación también la grabó el FBI y, tras el correspondiente análisis forense, se determinó sin margen de duda que, efectivamente, se trataba de Meirhofer, por lo que fue arrestado al día siguiente.

 

Meirhofer detenido.

Mientras Meirhofer estaba detenido en comisaria registraron su casa y el interior de su coche. Los investigadores encontraron ropa de mujer con manchas de sangre, además de restos humanos envueltos en paquetes con la etiqueta “Deerburger” (Hamburguesa de ciervo) en su nevera. Uno de ellos contenía una mano que fue identificada como la de Sandra Smallegan, de 19 años, que había desaparecido el 10 de febrero de ese año de un partido de baloncesto en Manhattan.

29 de septiembre de 1974. Al conocer estos resultados, Meirhofer admitió haber secuestrado y asesinado a Susan Jaeger, así como a Sandra, además de otros dos asesinatos que permanecían sin resolver (Bernard Poelman de 13 años y Michel Raney de 12 años). En cuanto a Susan, afirmó que había matado a la niña a puñaladas poco después de secuestrarla, ya que se había resistido ferozmente. Nunca se determinó el móvil del asesinato, ya que Meirhofer negó que su objetivo fuera violarla. Tras matar a sus víctimas, Meirhofer desmembró los cuerpos con un cuchillo de caza y una sierra y luego los quemó en una hoguera para, finalmente, esparcir sus cenizas y los huesos restantes en un rancho abandonado de Lockhart Place.

Cuatro horas después de su confesión, Meirhofer fue encontrado muerto en su celda después de ahorcarse con una toalla. Estos casos, nunca fueron juzgados y la motivación de sus asesinatos sigue siendo incierta, aunque la hipótesis de Teten y Mullany es que mataba simplemente por el placer de matar. La pulsión asesina de un psicópata era la conclusión del informe de estos agentes.

Epílogo

También contribuyó a alimentar la incertidumbre el hermano menor de Meirhofer, Alan, que fue detenido en 1986 por una serie de brutales violaciones a menores. Fue condenado en 1988 y puesto en libertad en 2017 sin que a este depredador sexual se le hubiera dispensado jamás tratamiento en prisión. Siempre los rechazó. Alan, que hoy tiene 71 años [si es que aun vive], siempre se ha negado a hablar con periodistas o con la policía sobre la posible connivencia de ambos hermanos en los infames crímenes que perpetraron.

Sea como fuere, el caso Meirhofer marcó un antes y un después en la incipiente Unidad de Análisis del Comportamiento del FBI (Behavioral Analysis Unit ). El análisis psicológico que elaboraron Teten y Mullany, algo rudimentario para los estándares actuales fue, sin embargo, audaz, innovador y sentó las bases del perfilado criminal actual.

 

Para saber más: San Juan, C. & Vozmediano, L. (2022). Psicología Criminal (2ª ed). Madrid: Sintesis.

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