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Enfermeras guipuzcoanas definen por primera vez la práctica enfermera sensible al género

Agurtzane Mujika, Ainitze Labaka, Naia Hernantes, María Isabel Trespaderne

Una investigación liderada por las enfermeras guipuzcoanas Ainitze Labaka, María Isabel Trespaderne, Agurtzane Mujika y Naia Hernantes, vinculadas a la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco (EHU), ha definido por primera vez en la disciplina enfermera el concepto de práctica enfermera sensible al género. El estudio, publicado en la revista científica Journal of Clinical Nursing, establece además indicadores concretos que permiten aplicar y evaluar este enfoque en la práctica clínica.

El punto de partida es que el género influye en la forma en que las personas enferman, expresan sus síntomas y experimentan su relación con el sistema sanitario. Hasta ahora, sin embargo, no existía una definición consensuada de lo que implica una práctica enfermera sensible al género ni herramientas específicas para evaluar su aplicación. Las investigadoras definen este enfoque como una asistencia individualizada, basada en la evidencia científica y libre de sesgos, que considera cómo el sexo y el género influyen en las necesidades de salud, la experiencia de la enfermedad y la relación con los servicios sanitarios.

El estudio identifica cuatro elementos fundamentales de esta práctica: comprender la influencia del género sobre la salud y la enfermedad; validar la experiencia y las necesidades de cada paciente evitando estereotipos y sesgos; incorporar la perspectiva de género en la organización, el liderazgo y la gestión de los servicios; e integrarla sistemáticamente en todas las fases del proceso enfermero, desde la valoración hasta los registros clínicos.

Para desarrollar la investigación, las autoras realizaron una revisión sistemática de la literatura científica, en la que analizaron 34 trabajos publicados entre 2002 y 2024 procedentes de Europa, América, Asia, África y Australia. A partir de estos estudios identificaron las condiciones necesarias para desarrollar una enfermería sensible al género, las competencias que deben adquirir las profesionales y sus posibles beneficios para las personas y los sistemas sanitarios. El trabajo incorpora también ejemplos prácticos y herramientas validadas para facilitar su aplicación y evaluación en distintos ámbitos asistenciales.

Entre las principales barreras para implantar este enfoque destacan la falta de formación específica, la ausencia de políticas organizativas que incorporen la perspectiva de género y determinadas estructuras profesionales que pueden dificultar los cambios en la atención. Como elementos facilitadores, las investigadoras señalan el liderazgo enfermero, el compromiso institucional con la equidad y la disponibilidad de instrumentos que permitan medir la aplicación efectiva de esta perspectiva.

Según las conclusiones del estudio, incorporar el género en los cuidados puede mejorar la calidad y seguridad asistencial, favorecer una mayor participación de las personas en las decisiones sobre su salud y contribuir a reducir desigualdades, retrasos diagnósticos, tratamientos inadecuados y situaciones de discriminación. Las autoras destacan, finalmente, que esta práctica no puede depender exclusivamente de la sensibilidad individual de cada enfermera: requiere también compromiso de las organizaciones sanitarias, formación específica tanto en el grado como de manera continuada y un sistema sanitario orientado a una atención equitativa.