De la geoestrategia de la alimentación a la nutrición de precisión

Rogelio Pozo, CEO de AZTI, puso sobre la mesa una idea tan evidente como poco debatida: la alimentación no es solo un asunto de salud o de placer, sino un vector estratégico global, comparable —o incluso superior— a la energía.

La conferencia arrancó situando el contexto demográfico. En apenas seis décadas, la población mundial ha pasado de 3.000 a más de 8.000 millones de personas, con un envejecimiento acelerado: si hace 60 años solo el 3 % de la población superaba los 60 años, hoy ya es en torno al 10 %. Este cambio estructural tensiona los sistemas alimentarios y obliga a repensar cómo producimos, distribuimos y consumimos alimentos.

Uno de los grandes ejes fue la transformación de las dietas a escala global. Países como China, históricamente asociados a dietas mayoritariamente vegetales, han incrementado de forma notable el consumo de carne. A nivel global, comemos menos pescado y más proteína de origen animal, lo que tiene consecuencias directas sobre el uso del agua, la demanda de semillas vegetales y la presión sobre la tierra cultivable. Hoy consumimos, en conjunto, más proteína animal que vegetal, un patrón difícilmente sostenible a largo plazo.

Este escenario explica por qué la alimentación se ha convertido en un asunto geoestratégico. La disponibilidad de tierra agrícola, el control de semillas y la capacidad de garantizar el suministro alimentario están impulsando movimientos estratégicos por parte de Estados y grandes corporaciones. En este contexto, la soberanía alimentaria emerge como una preocupación central, con países como China adquiriendo compañías y activos clave a lo largo de la cadena agroalimentaria.

Frente a estos retos, la conferencia planteó las líneas de transformación del sistema alimentario: prácticas agrícolas y pesqueras más eficientes y regenerativas, investigación en variedades mejoradas, economía circular y reducción del desperdicio alimentario —recordando que un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia—, nuevas fuentes de proteínas, nuevos procesos tecnológicos y, de forma inevitable, un cambio en la dieta.

La sesión también abordó la transición hacia nuevos sistemas de producción, como la agricultura y pesca de precisión, la biotecnología, la agricultura vertical, la acuicultura en circuito cerrado, la automatización, el uso de big data y la robótica, no como futuribles, sino como herramientas ya en marcha para mejorar productividad y reducir riesgos.

En el cierre miró al consumidor y a la salud, introduciendo el concepto de nutrición personalizada o de precisión: una estrategia orientada a promover cambios de comportamiento hacia una alimentación óptima y saludable, basada en las características individuales. En paralelo, se subrayó la evidencia científica que vincula el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados con el deterioro de la calidad de la dieta y con mayores riesgos para la salud, reforzando la necesidad de repensar no solo qué producimos, sino qué y cómo comemos.

En conjunto, la conferencia dejó un mensaje claro: la alimentación es un reto sistémico, global y estratégico, que conecta demografía, geopolítica, sostenibilidad, tecnología y salud. Ignorarlo ya no es una opción.

La conferencia, que se puede ver íntegramente pulsando aquí, tuvo lugar el pasado 12 de diciembre de 2025. Fue presentada por la codirectora del Executive MBA, Pilar Zorrilla y por el presidente de FESIDE, Arturo Rodríguez.

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