¿Compramos coches eléctricos para salvar el planeta o para proteger nuestra salud? Cuando pensamos en las razones para comprar un coche eléctrico, solemos asociarlas a la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, existe otra motivación que puede ser igual o incluso más relevante para muchas personas: proteger su propia salud y la de quienes les rodean. Un estudio reciente sugiere que la preocupación por los efectos de la contaminación del aire sobre la salud puede desempeñar un papel clave en la decisión de adoptar un vehículo eléctrico.
Los investigadores de la Euskal Herriko Unibertsitatea Patrick Hartmann, Vanessa Apaolaza, Ainhize Eletxigerra, José M. Barrutia y Carmen Echebarria han publicado recientemente un artículo en la revista Business Strategy and the Environment, una de las revistas internacionales de referencia en el área de sostenibilidad y estrategia empresarial, en el que analizan los factores que influyen en la adopción de vehículos eléctricos de batería. El trabajo parte de una cuestión central: además de su contribución a la mitigación del cambio climático, ¿hasta qué punto la percepción de que los coches eléctricos mejoran la calidad del aire y protegen la salud favorece su adopción?
La investigación se realizó a partir de una encuesta online a una muestra representativa de 800 personas adultas en Estados Unidos. Los resultados confirman que la preocupación por el cambio climático influye positivamente en la intención de adoptar vehículos eléctricos. Sin embargo, el estudio muestra también que la preocupación por los efectos de la contaminación del aire sobre la salud tiene un impacto significativo y adicional en dicha intención.
Esta diferencia es relevante porque los beneficios climáticos suelen percibirse como globales y a largo plazo, lo que tiende a apelar a motivaciones altruistas orientadas al beneficio colectivo, mientras que los beneficios asociados a una mejor calidad del aire se perciben como más personales, directos y cercanos a la vida cotidiana.
Este resultado es especialmente relevante porque la literatura académica sobre movilidad eléctrica se ha centrado principalmente en los beneficios ambientales de los vehículos eléctricos, así como en las barreras que dificultan su adopción, tales como el elevado precio de adquisición, la disponibilidad de infraestructuras de recarga o las limitaciones de autonomía. En cambio, hasta ahora se había prestado menos atención a las motivaciones vinculadas a la salud personal.
El estudio revela, además, que la orientación hacia la salud refuerza este efecto. Es decir, entre las personas que dan mayor importancia al cuidado de su salud, la preocupación por la contaminación del aire tiene una influencia aún más fuerte sobre la intención de adoptar un vehículo eléctrico. Para este segmento de consumidores, los beneficios para la salud asociados a una movilidad sin emisiones locales pueden llegar a ser un argumento incluso más relevante que los beneficios climáticos.
Estos hallazgos tienen implicaciones importantes para fabricantes de automóviles, responsables políticos y entidades implicadas en la promoción de la movilidad sostenible. Las campañas de comunicación no deberían centrarse únicamente en los beneficios ambientales de los vehículos eléctricos, sino también en su contribución a la mejora de la calidad del aire y, por tanto, a la protección de la salud de las personas. En especial en entornos urbanos, donde la contaminación procedente del tráfico afecta directamente a la calidad de vida, destacar la relación entre movilidad eléctrica, aire limpio y salud puede resultar una estrategia eficaz para acelerar la transición hacia formas de transporte más sostenibles.
Al mismo tiempo, la investigación confirma que las barreras percibidas continúan frenando la adopción del coche eléctrico. Por ello, junto con una comunicación más centrada en los beneficios para la salud, sigue siendo necesario avanzar en políticas de apoyo, ampliación de la red de recarga, incentivos económicos y reducción de la incertidumbre asociada a esta tecnología.
En definitiva, la transición hacia la movilidad eléctrica puede entenderse no solo como una herramienta para combatir el cambio climático, sino también como una inversión directa en la salud de las personas. Los resultados sugieren que, para muchos consumidores, respirar un aire más limpio puede ser una motivación tan poderosa como contribuir a un planeta más sostenible.
Referencia del artículo: Hartmann, P., Apaolaza, V., Eletxigerra, A., Barrutia, J. M., & Echebarria, C. (2025). Beyond Climate Change Concern: Why Air Pollution Health Concern and Health Orientation Matter in Battery Electric Vehicle Adoption. Business Strategy and the Environment, 34, 8020–8033. https://doi.org/10.1002/bse.70003

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