
“El arte es una herida hecha luz”, afirmó Braque.
Desde esa premisa se articula Cúbreme de flores, una exposición que emerge del territorio íntimo del duelo. El proyecto recoge un periodo de dos años marcados por la enfermedad, la resistencia y la muerte del padre del artista, un tiempo en el que la práctica pictórica se convierte en un registro sensible de lo vivido.
El recorrido expositivo propone una aproximación a su método de trabajo: desde la fragilidad de cuadernos y apuntes hasta piezas de gran formato que condensan la experiencia emocional. En el bodegón, el artista encuentra un lenguaje para comprender su duelo, afrontarlo y despedirse; un espacio de conversación, llanto y también de gozo.

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